El proceso de duelo por la pérdida de un animal de compañía, actualmente implica atravesar momentos de aflicción y desolación, pues en muchos hogares más allá de ser una mascota, es un miembro de la familia.

Por: Henry Cortés González, MBA, Director Funeravet 

Desde hace miles de años los animales de compañía y los humanos hemos compartido relaciones estrechas que son muy naturales. Los lobos y los nómadas compartieron caminos que los llevaron luego a ser seres sedentarios y allí compartieron comida y compañía1.

Los perros y gatos ingresaron a las ciudades, luego a las casas, después a las habitaciones, se subieron a las camas y por último ingresaron al corazón de las personas. Ese vínculo humano – animal es de larga trayectoria y actualmente en Colombia tenemos más de 5 millones de perros y 2 millones de gatos, que tienen un papel muy importante en la vida de las personas.

ACTUALMENTE EN COLOMBIA TENEMOS MÁS DE 5 MILLONES DE PERROS Y 2 MILLONES DE GATOS, QUE TIENEN UN PAPEL MUY IMPORTANTE EN LA VIDA DE LAS PERSONAS.

El apego

El apego hacia los animales está sustentado en la necesidad que tenemos los humanos de sentirnos amados y de sentirnos seres naturales en medio de las selvas de cemento en las cuales vivimos hoy. Es claro para muchas personas que el acariciar a su animal de compañía los hace sentirse mejor y muchas veces les es más fácil demostrar afecto a un animal que a otro ser humano; actualmente les hablamos, comemos con ellos, los tratamos como un miembro igualitario en nuestras familias.

Desde hace casi 18 años trabajo con familias y personas que han perdido un ser querido peludo de 4 patas; muchas de estas personas no tienen a su mascota como un animal de compañía; sino como el hijo que no tuvieron. Al enfrentarse con la partida de su fiel compañero atraviesan por sentimientos de duelo que en muchas oportunidades pasan a ser duelos patológicos y duelos que se complican y afectan el normal funcionamiento de la familia.

El proceso de duelo por la pérdida de un ser humano es bien recibido, pero en la sociedad actual hasta ahora se está permitiendo que las personas atraviesen por estos procesos de aflicción cuando una mascota fallece.

ALGO QUE RESULTA BIEN ES HABLAR DE LO SUCEDIDO CON PERSONAS QUE HAYAN ATRAVESADO POR UN PROCESO SIMILAR O COMPRENDAN QUE EL PROCESO ES IGUAL A LA PÉRDIDA DE UN SER HUMANO.

Cuando las personas acceden a una charla de duelo, se dan cuenta que no son los únicos que tienen esos sentimientos de conexión y apego, allí encuentran consuelo y aceptación ante esta pérdida, pues en su casa o trabajo no comprenden que su pena es legítima y no tan rara como algunos piensan.

Algunas personas rompen los vínculos con otros humanos mientras se apegan a sus mascotas, lo cual puede acarrear problemas, pues las mascotas viven en promedio 12 años y al morir dejan un gran vacío y no encontrarán fácilmente nada ni nadie que pueda llenarlo.

Es usual escuchar comentarios como “me siento apenado/a porque están llorando más por la pérdida de un animal de compañía que por un familiar humano que falleció hace poco”. La percepción puede ser que:

  • Con la mascota se tenía posiblemente más vínculo que con ese familiar que falleció.
  • No se realizó un duelo cuando el humano murió, y ahora que fallece la mascota; esos sentimientos afloran de forma más fuerte.
  • Las mascotas normalmente no dejan rencillas o no causan dolor, no nos hirieren nuestros sentimientos ni tampoco nos lastiman.

Lo importante es recordar que el apego es una respuesta normal y humana, no sólo a alguien o algo; el establecer vínculos con animales de compañía nos brindan beneficios que tienen que ver con la salud, la parte emocional, el ejercicio, aliviar la ansiedad y el estrés, mejoran el humor, ofrecen amor y compañía, dan seguridad, permiten a las personas interrelacionarse en los parques o en eventos para mascotas.3

Actualmente Bogotá y muchas ciudades del mundo tienen parques especiales para mascotas, se ofrecen eventos como ferias, existen cafés para llevar los animales de compañía y la mayoría de los centros comerciales son “Pet friendly”. No es raro que estemos tan apegados a nuestras mascotas, pues en el tiempo actual la política, los medios de comunicación, la sociedad en general ofrecen y permiten que los animales estén ligados a todo lo que nos rodea, esto nos ayuda a comprender lo doloroso que puede ser la partida de nuestra mascota.

Cambios en la sociedad moderna occidental han llevado a que las parejas y los individuos no tengan hijos y mejor adopten un animal de compañía, las personas ven que en los animales pueden tener un hijo, pero es un hijo con excelente sentido del humor, sin pataletas. Un colega me dijo una vez que la diferencia entre una mascota y un niño es que a los niños los preparamos para que sean adultos y se vayan de la casa y a las mascotas las retenemos, son niños por siempre. En la funeraria4 se categorizan a las personas de acuerdo al grado de aflicción por la pérdida del animal de compañía de la siguiente forma:

Aflicción leve

Solicitan un servicio básico y están atentos al cuerpo, están en familia, agradecen a su animal de compañía por los años vividos, se despiden amablemente pero su afectación no es mayor. Eran y son responsables con su mascota pero no los consideran un miembro de la familia.

Aflicción moderada

Desean algo más para su animal de compañía, expresan sentimientos de dolor muy fuertes y las despedidas son demoradas. Solicitan las cenizas o quieren estar presentes en la cremación, pues establecieron un apego emocional con su mascota y le brindaron el mismo amor y cariño que a los demás miembros de la familia.

Aflicción alta

Solicitan las cenizas o llevan a la mascota al cementerio, quieren estar presentes hasta el final, no dejan el cuerpo solo y algunas veces ellos realizan el procedimiento, asisten a las charlas de duelo y escriben cartas en el cementerio virtual, la despedida es larga y dolorosa. Su proceso de duelo puede ser de meses e incluso años, en vida consideraban a su mascota como un hijo y le daban el mismo estatus que a los miembros humanos de la familia, exageraban en cuidados y atenciones a su “perrihijo”. Su vínculo humano-animal es muy fuerte, que solicitan la ayuda profesional, pues la pérdida es devastadora.

Estos grados de intensidad le ayudan a comprender por qué algunos miembros de la familia se afectan más que otros y las formas de expresar su dolor, algunos padres no quieren que sus hijos los vean llorar, pero esto puede ser contraproducente, pues los niños podrían pensar que su papá no quería a la mascota o que es un hombre insensible.

¿Duelo?

Existe mucha información sobre qué es duelo, sus etapas, clases de duelo y demás5,6; el proceso de duelo por la pérdida de un ser querido peludo de cuatro patas que llegó a nuestras vidas y nos hizo recordar que estamos vivos, resulta difícil.

Las reacciones iniciales que tenemos son de rabia y culpa; la rabia muchas veces va dirigida contra el veterinario, pues pensamos que este debería actuar como un “Dios” y salvar a nuestra mascota a toda costa. Es posible que en algunos casos haya negligencia médica, pero ese sentimiento de rabia es a nosotros a quien invade y al tiempo debemos sufrir por la pérdida de nuestro animal. Muchos veterinarios también viven ese dolor no sólo por la pérdida de un paciente, sino el temor por las consecuencias que la muerte de un animal le puede acarrear. El enfado también puede estar dirigido contra un miembro de la familia, contra un cuidador ocasional (p. ej., personal de servicio) o alguien que haya cometido un error causando la muerte del animal.

La culpa sobresale en la mayoría de los casos; pensamos que no actuamos rápido, que tomamos una decisión equivocada, que fuimos permisivos o que no le dimos tiempo suficiente. Pero todas esas decisiones las tomamos con amor, hicimos lo mejor por nuestros animales, les dimos el tiempo que teníamos y los recursos que tenemos a nuestro alcance, no debemos sentirnos culpables por esta situación, pues debemos entender que los animales son seres vivos que duran 12 años y que son frágiles al igual que nosotros.

¿Cuál es la causa del dolor?

Ya vimos que esa relación o vínculo humano-animal se rompió, pero el que duela más o duela menos también depende del tipo de muerte, si fue una muerte repentina de un animal joven o si fue un geriatra, de si vimos el accidente o no, de si tuvimos responsabilidad o no, de si tuvimos que tomar la decisión de eutanasia o no, de si lo pudimos cuidar y despedirnos hasta el final o si la mascota se perdió y nunca vimos el cuerpo para poderlo acariciar por última vez.

Muchas son las razones por las cuales el duelo puede ser más intenso y duradero, también depende de cómo asumimos pérdidas en nuestras vidas y lo resilientes que seamos. También duele porque no hay aceptación social por la pérdida de una animal de compañía; la persona no encuentra en la familia o en la sociedad un respaldo o apoyo a esta pérdida, en contravía recibe insultos o reclamos injustos por estar sufriendo por un animal.

El Doctor Jorge Montoya, médico psiquiatra de Medellín, dice que el duelo producido por la pérdida de un ser querido es total, duele el alma, duele el corazón, duele la cabeza, duele el cuerpo, duele el pasado, el presente, el futuro, duele el dolor de los demás, duele “TODO”.

¿Qué ayuda?

Lo primero es reconocer que la mascota fallecida nos la prestó la naturaleza o el cielo por unos pocos años y que es hora de devolverla, entender que el ciclo de la vida se cierra y que debe avanzar en su paso por el mundo, este es un proceso doloroso pero el enfrentarlo nos hará más fuertes y con mayor entereza para afrontar futuras pérdidas7. En adultos mayores solitarios es más complicada la situación pues no sólo pierden a su amigo fiel sino que también se acerca su propia muerte y esto los hace vulnerables a sufrir una pena más profunda3.

Debemos tenernos mucha paciencia y tenerle paciencia a nuestros allegados. Permítase hablar de lo sucedido, preguntarse una y otra vez qué paso, busque a alguien que pueda escucharle, busque un grupo o una red de apoyo, salga a caminar, viaje, visite familiares y amigos. Comparta recuerdos con su familia, conserva una fotografía de su amigo fiel, guarde la cobija o la pelota con la que jugaba, esto será por un tiempo pues al pasar los días las cosas irán cambiando y esas cosas materiales pasarán a ser un recuerdo.

Es importante disponer de tiempo para llorar; recomendamos no llorar frente a extraños o personas que no comprendan el dolor por el que se está atravesando, y así no nos preguntarán ni tampoco nos darán sus comentarios que pueden llegar a ofender. Lo más usual que pueden decir es que “era un simple perro”, o “yo te compro otro igual”; en ese momento no podemos aceptar ese tipo de sugerencias pues no validan nuestro dolor y aflicción. Lo ideal es que se llore en casa antes de salir a trabajar o estudiar y así durante el día estaremos más tranquilos pues ya nos hemos desahogado de nuestro dolor.

¿Qué no ayuda?

  • Actitudes falsas de fortaleza, pensar que no ha ocurrido nada o comprar un animal parecido al que se fue y ponerle el mismo nombre, esto lo que hace es que ese dolor no se exprese y más adelante se llegará a una situación más complicada de duelos patológicos.
  • Evadir los recuerdos no ayuda en el proceso, pues es ideal afrontar la pena y el dolor para que nuestro corazón y nuestra mente acepten que nuestro fiel amigo se fue y que debemos recordarlo con amor. Sanar las heridas del corazón no es fácil, pero con ayuda, paciencia y con la actitud positiva se logrará salir adelante.

En la literatura2,8 no se recomienda reemplazar rápido a la mascota, hay personas a las cuales les ha ido bien adoptando o comprando un animal al poco tiempo, todos en casa deben estar dispuestos a asumir los roles y que no sea solo un integrante de la familia el que tome la decisión; es importante que todos estén de acuerdo y así cada uno en su corazón aceptara ese nuevo ser. Se debe preguntar al cuidador primario si realmente desea una mascota, pues en muchas ocasiones la mamá es la que se encarga de todo lo relacionado con el animal, cuando este muere ella “descansa” y lo que menos desea es traer una nueva mascota a la casa, pues ella es la que va a lidiar otros 15 años con un animal de compañía.

Pensar que su mascota era la única que le podía dar amor es un error; indudablemente ese ser es irremplazable y era y será el mejor del mundo, pero no es el único ser que nos puede dar cariño, puede existir un ser que nos brinde el mismo soporte que nos dio el que se fue, hay que esperar que la vida nos regale un nuevo ser maravilloso que nos acompañe en el camino que debemos continuar.

El recurrir a tranquilizantes o eliminar nuestros lazos de amistad o rechazar a los familiares, pensando que nuestra mascota era la única que podía darnos amor y cariño, puede acarrear grandes riesgos y apegarnos a ese ideal no ayuda en el proceso de duelo.

Duelo infantil

En el caso de los niños, la pérdida de una mascota, más que un problema, es una oportunidad y se debe aprovechar la situación para enseñar al niño que la muerte es un proceso que está ligado a un ciclo de la vida. Se le debe explicar la parte biológica de la muerte; que los muertos no sufren, no sienten, no respiran y que no les duele. Se les debe responder preguntas básicas como “donde está mi perro” “qué pasará con él” “papá o mamá también van a morir”. Se debe permitir que el niño esté presente en la despedida, que acaricie por última vez a su mejor amigo, se le debe informar y permitirle que tome decisiones.2

Lo peor que puede pasarle a un niño es que no lo tengan en cuenta y que le digan mentiras; “no queremos que sufra”, los niños salen bien de estos procesos de duelo si se les permite atravesar por todas las etapas y se les respetan sus sentimientos. Los niños tienen muchas ayudas naturales; el colegio, amigos, profesores, tíos, primos, abuelos, papás, juegos y juguetes, tienen una vida por descubrir y este es uno de esos sentimientos a desarrollar “el dolor de perder algo valioso”.

EL QUE A LOS NIÑOS LES PRODUZCA MÁS O MENOS DOLOR DEPENDE DE SI VIERON EL ACCIDENTE, SI TUVIERON RESPONSABILIDAD EN LA MUERTE DEL ANIMAL Y DE LA RELACIÓN QUE TENÍAN CON LA MASCOTA.

Por quienes realmente debemos preocuparnos (no sin pensar que algunos niños no requieren ayuda) es por los adultos mayores, ellos no tienen todo lo que tienen los niños pues puede que su mascota haya sido su único amigo, compañero o confidente. Para las personas de este grupo etario es más complicado rehacer su vida con otro animal pues piensan que van a morir pronto y no desean dejar sola a una mascota, así ellos empiezan a asumir su propia muerte y para algunos es difícil aceptar esta situación.

Muchos abuelos solitarios, viudos, sin hijos, sin familia les es difícil encontrar una red de apoyo que pueda consolarlos y acompañarlos en este proceso doloroso. Los psicólogos, los médicos y demás profesionales deben estar preparados en temas de duelo para poder ayudar a sus pacientes en estos casos de perdida.

Resiliencia

Indudablemente no podemos negociar con la muerte, no podemos traer de vuelta a nuestro ser querido, no podemos cambiar una situación de pérdida, pero sí podemos ver oportunidades de esta dificultad, muchas personas crean fundaciones que ayudan a animales de la calle o pueden cambiar su estilo de vida luego de un evento traumático o de pérdida por la muerte de un ser querido. Las personas pueden encontrar esto en la resiliencia, una forma de afrontar la vida en una situación que no se puede cambiar pero sí puede tener una mejora.

“SI NO ESTÁ EN TUS MANOS CAMBIAR UNA SITUACIÓN QUE TE PRODUCE DOLOR, SIEMPRE PODRÁS ESCOGER LA ACTITUD CON LA QUE AFRONTAS ESE SUFRIMIENTO”. VIKTOR FRANKL.

REFERENCIAS

  1. https://www.minsalud.gov.co/sites/rid/Lists/BibliotecaDigital/RIDE/VS/ PP/SA/Cobertura-vacunacion-antirrabica-departamentos-2016.pdf
  2. Fonnegra de Jaramillo Isa, El Duelo en los Niños, Editorial Norma, Bogotá mayo de 2009
  3. Fonnegra de Jaramillo Isa, De cara a la Muerte, Intermedio Editores, Bogotá 1999
  4. Castro Gustavo, Historias Humanas de Perro y Gatos, Ediciones B, Bogotá 2012
  5. www.funeravet.com Funeraria para mascotas Funeravet SAS, cremación y cementerio para mascotas
  6. Rojas Santiago, El Manejo del Duelo, Editorial Norma, Bogotá 2005
  7. Montoya Jorge, Guía para el Duelo, Litografía Panorama, Medellín 2015
  8. Sierra Gloria, Para Vivir los Duelos, Editorial San Pablo, Bogotá 2016

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