Úlceras corneales en veterinaria: lo que el médico general no puede dejar pasar

En el segundo Oftalmo Labyes Colombia, la Dra. Sandra Acevedo, de Ocular Vet Medellín, entregó una ruta práctica para abordar las úlceras corneales desde la consulta general hasta la remisión especializada

En oftalmología veterinaria hay lesiones que parecen pequeñas, pero no lo son. Una úlcera corneal puede iniciar como una molestia ocular, un ojo rojo o una tinción discreta con fluoresceína; sin embargo, si no se evalúa con criterio, puede avanzar hacia pérdida de transparencia corneal, contaminación secundaria, queratomalacia —el famoso melting—, descemetocele, perforación y pérdida visual.

Ese fue uno de los mensajes centrales que dejó la médica veterinaria Sandra Acevedo, especialista y magíster en Oftalmología Veterinaria, integrante de Ocular Vet Medellín, durante su conversación con Pet Industry en el marco de la segunda versión de Oftalmo Labyes Colombia, realizada en Bogotá. En entrevista, la Dra. Acevedo insistió en tres ideas que deberían quedar grabadas en la consulta diaria: medir profundidad, proteger el ojo y buscar la causa primaria, porque una úlcera corneal no siempre es “solo un trauma”.

La conversación ocurrió dentro de un evento académico que reunió a médicos veterinarios interesados en fortalecer su criterio clínico en oftalmología, con énfasis en diagnóstico oportuno, manejo de úlceras corneales, ojo seco, infecciones oculares y criterios de remisión. Pet Industry ya había reseñado que el segundo Oftalmo Labyes Colombia puso sobre la mesa una idea clave: en los ojos, los pequeños signos pueden esconder grandes diagnósticos.

Y aquí no hay poesía clínica: en córnea, el tiempo cuenta. La córnea es una estructura transparente que funciona como barrera y como medio óptico; por eso, cualquier alteración en su integridad puede comprometer no solo el confort del paciente, sino también la visión. La córnea como una estructura compuesta por epitelio, membrana basal, estroma, membrana de Descemet y endotelio, cuya transparencia es esencial para permitir el paso de luz hacia el segmento posterior.

La primera pregunta no es “qué gota mando”, sino “qué tan profunda es”

Uno de los errores más frecuentes en el abordaje de una úlcera corneal es comenzar por la fórmula antes de terminar el diagnóstico. La Dra. Acevedo fue directa: cuando un médico veterinario recibe un paciente con úlcera corneal, lo primero es verificar la profundidad de la lesión. Esa evaluación permite diferenciar si se trata de una úlcera superficial, intermedia, profunda o si ya hay signos de perforación.

En términos prácticos, esto obliga a que el examen ocular no sea un trámite rápido. La tinción con fluoresceína es una herramienta básica, pero debe usarse bien. La fluoresceína permite identificar defectos epiteliales porque se adhiere al estroma expuesto y se observa con mayor claridad bajo luz azul cobalto; fuentes clínicas veterinarias también señalan que la luz azul cobalto o lámpara de Wood ayuda a resaltar la tinción.

La precisión importa. Si la fluoresceína se diluye de forma inadecuada, si no se observa con la iluminación correcta o si se subestima una lesión pequeña, la úlcera puede pasar desapercibida. Y cuando eso ocurre, se abre la puerta a decisiones peligrosas: formular antiinflamatorios incorrectos, no proteger el ojo, no detectar una causa anatómica o demorar una remisión.

En la entrevista, la especialista señaló que una falla común en consulta general es precisamente no identificar bien la úlcera desde el inicio. Algunas lesiones pequeñas no se evidencian si no se usa correctamente el colorante y el azul cobalto; luego, el paciente puede recibir tratamientos que retrasan la cicatrización o favorecen la profundización de la lesión.

Dicho en lenguaje de clínica: antes de pensar en “qué colirio”, hay que responder cuatro preguntas.

  1. ¿La úlcera es superficial, estromal, profunda o hay descemetocele?
  2. ¿Hay signos de infección o secreción abundante?
  3. ¿La lesión está progresando o se mantiene estable?
  4. ¿Existe una causa primaria que siga lesionando la córnea?

La córnea no perdona el “yo creo que”. Con los ojos, el olfato clínico sirve, pero la fluoresceína bien usada sirve más.

El collar isabelino: básico, incómodo y absolutamente necesario

La segunda recomendación práctica de la Dra. Acevedo fue el uso inmediato del collar isabelino. Puede parecer obvio, pero en la práctica sigue fallando. Una úlcera corneal genera dolor, molestia, blefaroespasmo, lagrimeo y sensación de cuerpo extraño; el reflejo natural del paciente es frotarse con la pata, contra el piso, contra una cama, contra un mueble o contra cualquier superficie que tenga cerca. Ahí es donde una lesión manejable puede convertirse en una urgencia.

La entrevistada fue muy clara: no manejar el collar isabelino es uno de los errores que favorece complicaciones. Cuando el paciente se frota con fuerza, la úlcera puede profundizarse e incluso llegar a perforación.

Para el médico veterinario general, este punto tiene una lectura gerencial y clínica. No basta con “recomendar” el collar; hay que explicar al cuidador por qué es indispensable, cuánto tiempo debe usarse, cómo verificar que el paciente no alcance el ojo y por qué retirarlo antes de tiempo puede dañar todo el tratamiento.

El collar isabelino no es un accesorio estético. Es una barrera mecánica. Y muchas veces es la diferencia entre una córnea que cicatriza y una córnea que termina en cirugía.

No todas las úlceras corneales son traumáticas

Otro punto central de la entrevista fue la necesidad de buscar la causa primaria. La Dra. Acevedo insistió en que no todas las úlceras corneales son producto de trauma. Pueden estar asociadas a ojo seco, alteraciones de pestañas o cilios ectópicos, cuerpos extraños, parpadeo deficiente, problemas de la superficie ocular o alteraciones intraoculares que no han sido detectadas a tiempo.

Esta idea cambia por completo la forma de abordar el caso. Si el clínico solo mira la úlcera, puede formular para la lesión visible, pero dejar activo el factor que la originó. Es como pintar una pared con humedad sin revisar la tubería: queda bonito hasta que vuelve el problema. La córnea hace lo mismo, solo que con más urgencia y menos margen de error.

En enfermedades corneales deben descartarse factores mecánicos como defectos conformacionales de párpados o cuerpos extraños, porque la resolución puede no lograrse si la causa primaria no se corrige.

En consulta general, eso implica revisar:

  • Calidad y cantidad de película lagrimal.
  • Presencia de ojo seco o queratoconjuntivitis seca.
  • Párpados, pestañas, triquiasis, distiquiasis o cilios ectópicos.
  • Cuerpos extraños en conjuntiva, fórnix o superficie ocular.
  • Capacidad de parpadeo.
  • Exposición corneal.
  • Dolor, blefaroespasmo, secreción y congestión.
  • Cambios de transparencia corneal.
  • Evolución clínica frente al tratamiento.

La pregunta que debe quedar en la historia clínica no es solo “¿hay úlcera?”, sino “¿por qué apareció esa úlcera?”.

La alarma de los cinco días: cuando una úlcera deja de ser simple

La Dra. Acevedo planteó una alerta práctica para la clínica diaria: si una úlcera corneal lleva más de cinco días con tratamiento adecuado y no cicatriza, debe prenderse la alarma. Según su experiencia, una úlcera simple debería mostrar evolución favorable en ese margen; si no lo hace, el caso probablemente no es tan simple como parecía.

Esto no significa que todos los pacientes cicatricen igual ni que el día cinco sea una frontera matemática absoluta. Significa que el clínico debe tener un punto de control claro. Si la úlcera no mejora, si aumenta la congestión, si aparece secreción abundante, si la córnea se opaca más, si la lesión se profundiza o si el aspecto corneal sugiere “derretimiento”, el tratamiento debe replantearse.

En úlceras complicadas, los criterios de seguimiento y remisión son críticos. Materiales clínicos veterinarios sobre úlceras corneales recomiendan remisión o manejo quirúrgico cuando hay úlceras que comprometen una proporción importante del estroma, descemetocele o áreas de queratomalacia que aumentan o profundizan pese al manejo médico agresivo.

En otras palabras: si el ojo no mejora, no se “insiste por fe”. Se reevalúa.

¿Qué es el melting en úlceras corneales?

En la transcripción de la entrevista aparece una palabra que Premiere entendió a medias, pero el contexto clínico es claro: la Dra. Acevedo se refería al melting, también conocido como queratomalacia o “úlcera corneal en derretimiento”.

El melting ocurre cuando hay degradación del estroma corneal por actividad proteolítica y colagenolítica. Las úlceras profundas y en melting suelen asociarse con bacterias como Pseudomonas spp. o estreptococos betahemolíticos, y que enzimas producidas por bacterias y células inflamatorias pueden causar colagenólisis rápida del estroma, con progresión hacia descemetocele o perforación incluso en poco tiempo.

Por eso la Dra. Acevedo recalcó la importancia de identificar secreción densa, aumento de congestión, profundización de la lesión y apariencia de “córnea que se derrite”. Estos signos deben interpretarse como una alerta de complicación y no como una evolución normal.

El melting no es una palabra sofisticada para sonar especialista; es una urgencia. Una úlcera que se profundiza, cambia de textura o pierde integridad puede comprometer el globo ocular. Fuentes veterinarias también advierten que la queratomalacia puede aparecer como complicación de una úlcera existente y debe sospecharse cuando la lesión progresa en tamaño o profundidad.

El uso de esteroides: el error que puede salir caro

Uno de los puntos más contundentes de la entrevista fue el llamado de atención sobre el uso de esteroides en presencia de úlcera corneal. La Dra. Acevedo señaló que el esteroide puede retrasar el proceso de cicatrización, favorecer la profundización de la úlcera y facilitar que evolucione hacia melting o contaminación secundaria.

Esta recomendación está respaldada por literatura clínica veterinaria. Antes de usar corticosteroides se debe teñir la córnea con fluoresceína para descartar úlceras, y que los corticosteroides están contraindicados cuando hay una úlcera corneal presente.

Material educativo veterinario también señala que los corticosteroides tópicos pueden retrasar la cicatrización epitelial, potenciar el “melting” o colagenólisis y favorecer infección por inmunosupresión local.

Para el médico general, el mensaje es simple: ojo rojo no es sinónimo de esteroide. Si hay duda, se tiñe. Si hay úlcera, se evita. Y si el caso requiere manejo antiinflamatorio complejo, se remite o se consulta con especialista.

Aquí no gana el que formula más rápido. Gana el que no empeora la córnea.

La primera línea terapéutica: proteger, lubricar, prevenir contaminación y reevaluar

Al hablar de primera línea terapéutica, la Dra. Acevedo destacó varios componentes: lubricantes que favorezcan el proceso de cicatrización, medicamentos con condroitín que contribuyan a una reparación más organizada, y antibióticos de amplio espectro que ayuden a evitar contaminación secundaria, especialmente frente a bacterias gramnegativas y Pseudomonas.

Desde el punto de vista clínico, esto debe entenderse como una orientación general y no como una receta universal. La selección del tratamiento depende de profundidad, causa, presencia de infección, dolor, especie, edad, raza, enfermedades concomitantes, disponibilidad de medicamentos, respuesta inicial y posibilidad de seguimiento.

La importancia del antibiótico no está en “acelerar” por sí solo la reepitelización, sino en prevenir o tratar contaminación bacteriana cuando la barrera corneal está comprometida. En úlceras complicadas o infectadas, documentos educativos veterinarios recomiendan antibióticos tópicos con capacidad de penetración en tejido estromal, mientras advierten que cambiar antibióticos sin reevaluar la causa de una úlcera que no cicatriza puede no resolver el problema de fondo.

En el caso de Labyes, la línea oftálmica incluye productos como Ciprovet, Tobramax y Tears, con formulaciones que, según la información oficial indexada de Labyes, incorporan componentes como condroitín sulfato en productos orientados a reparación, humectación y soporte de la superficie ocular.

La Dra. Acevedo valoró precisamente que Labyes cuente con una línea oftálmica que no se limita a antibióticos, sino que también integra lubricantes y formulaciones orientadas a favorecer el proceso de cicatrización en pacientes con úlceras corneales u ojo seco.

La transparencia corneal también es un objetivo terapéutico

Un detalle importante que mencionó la especialista es que la cicatrización corneal no debe entenderse solo como “cerró la úlcera”. La córnea debe recuperar su función como estructura transparente. Si el proceso de reparación deja opacidad, fibrosis o cicatriz significativa en el eje visual, la visión puede verse afectada.

Este punto es clave porque obliga al clínico a pensar en calidad de cicatrización, no solo en cierre superficial. La córnea no es piel. En piel, una cicatriz puede ser estética o funcionalmente aceptable; en córnea, una cicatriz en el lugar equivocado puede afectar la visión.

Por eso la documentación fotográfica, la descripción de localización, tamaño, profundidad y evolución de la úlcera son herramientas útiles. No se trata solo de llenar historia clínica por obligación: se trata de poder comparar objetivamente si el paciente mejora, empeora o se mantiene igual.

Documentar bien: la historia clínica como herramienta de decisión

Una úlcera corneal debe quedar documentada con precisión. En la práctica, una buena historia clínica debería incluir:

  • Ojo afectado.
  • Tiempo de evolución.
  • Signos clínicos observados por el cuidador.
  • Dolor, blefaroespasmo, epífora o secreción.
  • Resultado de fluoresceína.
  • Profundidad estimada.
  • Localización de la lesión.
  • Presencia de edema, vascularización u opacidad.
  • Evaluación de párpados, pestañas, conjuntiva y película lagrimal.
  • Uso o no de collar isabelino.
  • Medicamentos previos, especialmente si hubo esteroides.
  • Fotografías clínicas, si el equipo lo permite.
  • Plan de reevaluación.
  • Criterios de remisión explicados al cuidador.

Esta información permite tomar mejores decisiones y también protege al equipo veterinario desde el punto de vista comunicacional. Cuando el tutor entiende que una úlcera puede evolucionar rápido, suele valorar más los controles y la remisión. Cuando no entiende la gravedad, aparece la frase más peligrosa del mundo: “yo le quité el collar porque se veía incómodo”.

Cuándo debe remitir el médico general

Remitir no es fracasar. En oftalmología veterinaria, remitir a tiempo puede ser la diferencia entre salvar visión, salvar el globo ocular o enfrentar una complicación avanzada.

La remisión debe considerarse cuando:

  • La úlcera no mejora tras varios días de manejo adecuado.
  • La lesión se profundiza.
  • Hay sospecha de melting.
  • La secreción se vuelve abundante o densa.
  • Aumenta la congestión conjuntival, bulbar o escleral.
  • Hay opacidad corneal progresiva.
  • Se sospecha descemetocele.
  • Hay perforación o riesgo de perforación.
  • El paciente presenta dolor intenso.
  • Hay sospecha de cuerpo extraño no resuelto.
  • Hay alteraciones palpebrales o de pestañas que requieren corrección.
  • Hay ojo seco severo o enfermedad de superficie no controlada.
  • El clínico no cuenta con equipo o experiencia para seguimiento estrecho.

Materiales veterinarios también advierten que cuando una úlcera se infecta y entra en melting, o cuando una úlcera superficial no cicatriza, la remisión a oftalmología veterinaria puede marcar la diferencia en la preservación o restauración de la visión.

Oftalmo Labyes: educación continuada para mirar mejor la consulta diaria

La Dra. Acevedo también destacó el valor de espacios como Oftalmo Labyes, especialmente porque abren la conversación a médicos veterinarios generales y a profesionales interesados en profundizar en oftalmología. En sus palabras, los ojos son estructuras anatómicas importantes y se complican con facilidad; por eso, la formación continua ayuda a mejorar el abordaje desde la primera consulta.

La segunda versión del evento, realizada en Bogotá, se consolidó como un punto de encuentro entre especialistas, médicos generales y una marca con portafolio oftálmico veterinario. Más allá de la muestra comercial, el valor está en conectar producto, ciencia, criterio clínico y educación práctica.

Para la industria veterinaria colombiana, este tipo de encuentros cumple una función estratégica: eleva el estándar de atención, reduce errores frecuentes, actualiza a los equipos clínicos y crea puentes entre la medicina general y la especialidad. En un mercado donde cada vez más familias exigen diagnósticos más precisos, la oftalmología deja de ser un “extra” y se convierte en una competencia clínica de alto valor.

Checklist práctico para la consulta general ante una úlcera corneal

1. No formule antes de teñir.
Use fluoresceína correctamente y observe con azul cobalto cuando sea posible.

2. Clasifique la profundidad.
Superficial, intermedia, profunda, descemetocele o sospecha de perforación.

3. Ponga collar isabelino desde el inicio.
No como recomendación tibia, sino como parte del tratamiento.

4. Busque la causa primaria.
No asuma trauma. Revise película lagrimal, párpados, pestañas, cuerpo extraño y parpadeo.

5. Evite esteroides si hay úlcera.
Primero descarte lesión corneal. Si hay úlcera, el esteroide puede complicar el caso.

6. Documente con detalle.
Tamaño, localización, profundidad, secreción, dolor, evolución y fotografías.

7. Reevalúe pronto.
Una úlcera que no mejora necesita nueva mirada, no piloto automático.

8. Sospeche melting si la lesión progresa.
Profundización, secreción densa, córnea blanda o aspecto de derretimiento son señales críticas.

9. Remita a tiempo.
La remisión oportuna también es medicina bien hecha.

Preguntas frecuentes sobre úlceras corneales en perros y gatos

¿Qué es una úlcera corneal en veterinaria?

Es una pérdida de continuidad del epitelio corneal que puede comprometer capas más profundas de la córnea. Puede ser superficial o avanzar hacia el estroma, la membrana de Descemet o incluso perforación. La gravedad depende de profundidad, causa, infección secundaria y evolución clínica.

¿Toda úlcera corneal es causada por trauma?

No. Aunque el trauma es una causa común, también pueden existir ojo seco, pestañas anómalas, cilios ectópicos, cuerpos extraños, alteraciones palpebrales, parpadeo deficiente o enfermedades de la superficie ocular. La Dra. Sandra Acevedo insistió en que el clínico debe buscar la causa inicial y no quedarse solo con la lesión visible.

¿Por qué es tan importante la fluoresceína?

Porque permite identificar defectos epiteliales y estimar la extensión de la lesión. La fluoresceína se observa mejor con luz azul cobalto, lo que ayuda a detectar lesiones pequeñas que podrían pasar desapercibidas en un examen incompleto.

¿Por qué no se deben usar esteroides en una úlcera corneal?

Porque pueden retrasar la cicatrización epitelial, favorecer infección y potenciar procesos de colagenólisis o melting. MSD Veterinary Manual advierte que los corticosteroides están contraindicados cuando hay una úlcera corneal presente.

¿Qué es el melting corneal?

Es una complicación en la que el estroma corneal se degrada por actividad enzimática, bacteriana e inflamatoria. Puede progresar rápido hacia descemetocele o perforación, por lo que requiere atención urgente y, con frecuencia, manejo especializado.

¿Cuándo debe preocupar una úlcera corneal?

Debe preocupar si no mejora con tratamiento adecuado, si aumenta la secreción, si se profundiza, si la córnea pierde transparencia, si hay dolor intenso, si aparece sospecha de melting o si existen signos de perforación. La Dra. Acevedo propone especial atención cuando una úlcera no cicatriza después de varios días de manejo correcto.

Mirar mejor para tratar mejor

La entrevista con la Dra. Sandra Acevedo dejó una lección concreta para la práctica veterinaria: las úlceras corneales no deben manejarse con ligereza. El abordaje inicial del médico general puede definir el pronóstico del paciente, especialmente si identifica la profundidad, protege el ojo, evita esteroides inapropiados, busca la causa primaria y remite cuando el caso lo exige.

En ese sentido, espacios como Oftalmo Labyes no solo actualizan; también ordenan la conversación clínica. Ayudan a que la oftalmología veterinaria deje de verse como un territorio lejano y se integre mejor a la consulta diaria.

Porque en medicina veterinaria, mirar el ojo no es suficiente. Hay que saber qué se está mirando.

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