Gildardo Alzate, extraordinario ser humano y ejemplar médico veterinario

Por: Carolina Villa

Materializar los sueños no es tarea fácil, nadie nos enseña cómo llegar a la meta ni mucho menos cuánto nos costará o que obstáculos se presentarán en el camino. De algún modo, todos nacemos con un propósito en la vida que debemos perseguir con el objetivo de sentirnos realizados sin olvidar lo más importante, servir siempre a los demás.

Precisamente, este destino ya estaba labrado desde el primer momento para el afortunado niño que, en medio del escenario perfecto, identificó aquello que captaba su atención y que más tarde terminaría siendo su proyecto de vida.

Guiado por un factor determinante como: el ejemplo, Gildardo siendo apenas un niño no tardó mucho en escoger qué soñaba ser de grande, pues contaba con un gran referente, su padre, quien para ese momento era el tegua de la región a quien siempre acompañaba en el proceso de atención y revisión de los animales.

Dentro de eso hay cosas que me marcaron. Me cuestionaba ¿por qué a pesar de todo ese esfuerzo realizado, se moría la vaca o el caballo? Yo tenía 8 o 10 años y fuera de eso me tocaba hacer el hueco para enterrarlos, me demoraba todo el día porque la pala era más grande que yo.

Es así como empiezan los retos personales y el deseo de querer saber por qué después de todo ese trabajo realizado se morían los animales. Entre tanto, pasaba su etapa de bachillerato dedicado a la agricultura como primer oficio. Sembraba repollo, café y tomate, pues tenía un puesto de verduras en la plaza, lo que le permitía generar ingresos y financiar sus gastos.

Sus inicios

Reconocer nuestro origen y hablar de todo aquello que nos hace vibrar el alma e iluminar el rostro reflejan el amor, pasión, compromiso y entrega adquiridos en cada instante de nuestra vida, pues este paisa girardotano orgulloso de raíces campesinas como parte de su vida, no fue la excepción. Empezó a estudiar veterinaria en la Universidad de Antioquia, pues su reto era resolver esas preguntas que tenía en la cabeza y de las que aún no hallaba respuesta.

Durante el inicio del programa, Gildardo no entendía cómo un docente de la facultad no hablaba o no sabía de veterinaria, razón por la cual a partir de 7° semestre empezó a resolver sus dudas y sintió la necesidad de convertirse en profesor:

Esto no podía ser así. La vida me dio la oportunidad, me gradué en marzo y luego hubo una convocatoria. En agosto ya estaba de profesor de esa universidad.

Tenía que prepararse, curiosamente entró al área de aves y cerdos, motivo por el cual hizo el intento de escribir a la UNAM, pues quería entrenarse en aves, con la grata sorpresa de haber quedado seleccionado en la Universidad Autónoma de México. Esta aventura la emprendió con un maletín cargado de sueños y un mapa que le indicaría el camino a su nuevo desafío por cuatro meses.

Una vez de regreso a Colombia, habló con el decano de la facultad para comentarle que no se estaba trabajando como debía ser y que era necesario realizar unos cambios, entre esos, tener el laboratorio, sin embargo, este le respondió que debían esperar, pues en el momento no tenían presupuesto.

El Dr. Gildardo trabajó cerca de año con aves y los cerdos. Una vez anunciado el retiro del profesor de perros, le proponen asumir su cargo y lo acepta gustosamente, completando hasta la fecha alrededor de cuarenta años de ejercicio.

Otro aspecto curioso que me tocó empezar a trabajar en la facultad, fue que lo que correspondía a perros se veía cuatro horas en un semestre, entonces como profesor empecé a luchar porque cada medicina fuera un curso completo. El gusto por la profesión fue creciendo a partir de ese momento.

Su familia

En cuanto a su vida personal, el amor llegó con una colega, estudiante de su primera promoción quien terminaría siendo su compañera de vida y socia en sus sueños y proyectos. Tiempo después, ella empezó a trabajar en otro pueblo, en el que vivía con sus hijos.

¿Cómo nace entonces la necesidad de crear empresa? surge por tres aspectos: familiar, profesional y social. Sobre todo, porque estaba próximo a hacer un nuevo posgrado y pensando en la facilidad de la comunicación, Medellín era la mejor opción. También veía el espejo de sus compañeros de 50 o 60 años que una vez jubilados dejaban su carrera en pausa y él no quería ser uno de ellos.

Una vez instalados en la capital, rentaron una casa de dos plantas destinada en el segundo piso como vivienda, mientras que en el primero funcionaba la veterinaria, a quien llamó en compañía de su esposa con el nombre de Caninos y Felinos pues era común en aquella época nombrar los negocios por lo que hacían o vendían.

Desde el inicio, revolucionaron y marcaron la diferencia en la ciudad prestando el servicio de 24 horas, de los 20 negocios de aquel entonces, entre consultorios, tiendas de peces o agropecuarias, no atendían los sábados ni los domingos. Lo que quería decir que si un animal enfermaba durante el fin de semana se moría. La unión y compromiso familiar se reflejó desde el principio, pues los niños se involucraron en la realización de las diferentes tareas de la clínica después del colegio.

Pasados dos años se dio la posibilidad de comprar la casa de enfrente que era más grande y se trabajaba mucho. Yo llegaba de clase en la universidad a las seis de la tarde y tomaba el turno de la noche. No se contaban los sábados ni domingos.

El doctor cuenta que muchos de sus alumnos visitaban la clínica con la intención de practicar y mejorar sus habilidades, llegando así a considerarse una segunda escuela para ellos, con la suerte de ser contratados como sus primeros veterinarios.

Tuvieron muchos retos, fueron los primeros en tener una máquina de anestesia y el primer electrobisturí. También, prestaron el servicio de ambulancia, pero esa etapa no tuvo un buen resultado. Aunque actualmente hay más de 500 clínicas veterinarias en la ciudad con todos los servicios, en aquella época cualquier paso que se diera era innovador y así fueron creciendo.

Su paso por la Universidad de Antioquia no fue en vano, pues en compañía de sus colegas, creó la especialidad en pequeños animales. Luego generaron el magister, contando con la participación de los médicos del hospital San Vicente de Paul, quienes realizaban las asesorías y trabajo de capacitación.

También, hizo un “año sabático” en el mismo hospital con los neurocirujanos, dedicándose a la misma especialidad. Todo surgió a partir de la necesidad por encontrar casos de perros con traumas que debían ser sacrificados porque no había quién los atendiera.

Luego yo empecé a ser profesor de posgrados. Tenemos oncólogos, cardiólogos y nefrólogos; es un máster con un énfasis en un área. Yo trabajé toda la vida dermatología, ortopedia y neurología, son mis tres áreas de dominio y en las que más me desenvuelvo. Actualmente, me ha llenado mucho más la neurología.

Su legado

De sus cuatro hijos, dos son médicos veterinarios, uno de ellos cuenta con su clínica independiente y David Alzate su otro hijo, asumió el seguimiento y continuidad como intensivista de la cínica después de 26 años, junto a su hermano el ingeniero en sistemas, encargado del paquete informático de administrar la clínica. Su padre asegura que están al frente de la empresa para darle la transformación moderna que requiere.

En este momento cuentan con 35 empleados y 8 veterinarios de planta, logrando posicionarse en el medio internacional y local. Dentro de sus principios de trabajo tienen como pilar suprimir la angustia del propietario, quitarle el dolor al paciente y producir su propia satisfacción.

La impronta que nos identifica ha sido muy propia, el conocer otros médicos veterinarios con más experiencias locales y de otras partes, nos ha dado las pautas para saber lo que la gente quiere y lo que nosotros teníamos que hacer. Ha sido un trabajo de familia, de vocación y de sentir, porque si a ti no te duele la empresa ella nunca avanza, si yo sé lo que quiero y para donde voy tengo que estar de lleno en eso, es definitivo. Argumenta el Dr Alzate.

Recomienda para quienes desean asumir el reto de formar empresa, primero que todo ser sólidos en la decisión y en el deseo. Quien ofrece el servicio debe ser disciplinado, comprometido y responsable. Asegura ser feliz al lado de su familia, ama inmensamente su profesión, pues ha sido lo que más ha disfrutado día a día. Tiene sus nietos que le dan muchas satisfacciones y aunque ya se jubiló sigue trabajando y estudiando.

Estuvo en la creación de asociación facultades, en la asociación de médicos veterinarios nacional, en el Tribunal de Ética tres años desde que se formó, hasta que lograron ejercer en el país muchas cosas y con otros colegas fue fundador de la Asociación de Veterinarios de Pequeños Animales, donde fundó varios capítulos en el país, además, fue presidente nacional y asistió a muchos congresos nacionales.

Su propósito actualmente es seguir avanzando en nuevas técnicas modernas láser en neurocirugía y ortopedia. Además de ser tan inquieto en el aspecto académico, en su vida personal le gusta viajar mucho junto a su esposa, leer y sembrar en su finca. A las nuevas generaciones les comparte lo siguiente:

Primero deben estar convencidos de lo que quieren y tener claridad en eso, segundo ser disciplinados en cuanto al trabajo, resaltar la responsabilidad y seriedad con que se asumen las tareas y algo fundamental, deben tratar de diversificarse.

El haber tenido la oportunidad de compartir con el Dr. Gildardo y escuchar su historia, me reafirma que para alcanzar y materializar los sueños es necesario contar con una buena dosis de constancia, determinación y sobre todo, muchas ganas. Nada es fácil en la vida, pero una vez se obtiene eso por lo que tanto has trabajado, la satisfacción y recompensa son indescriptibles.

2 Respuestas a “Gildardo Alzate, extraordinario ser humano y ejemplar médico veterinario”

  1. Maravilloso ser humano y científico, junto a su esposa Julia, y a su igual de brillante y excelente persona David Alzate, han hecho de Caninos y Felinos en Medellín, una gran clínica, donde los animales y nosotros los dueños somos tratados con respeto, consideración y mucho amor.

    Durante 15 años que vivi en Medellín, mis mascotas, fueron atendidas como si fueran las únicas de la clínica, hoy desde la distancia en Cali Valle del Cauca, añoro un centro veterinario con esa misma visión del amor por sus pacientes.

    Pará el doctor Gildardo y su familia, mi eterna gratitud.

    Gustavo Adolfo Hernández

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