Existen diferentes aspectos -sociales, culturales y gubernamentales- que retrasan el proceso de equidad. De esta manera, también existen barreras -externas e internas- que se deben superar. A continuación, ahondaremos en ellas.

Barreras externas

Sesgos en los procesos de selección: Se cree que hay cargos en los que los hombres se desempeñan mejor que las mujeres.

Escepticismo frente al liderazgo femenino: Los roles de género hacen que se les atribuya a las mujeres características sobre el cuidado de los demás y a los hombres asertividad y control.

Balance entre vida laboral y vida familiar: Este aspecto trae consigo la responsabilidad de hacer más partícipes a los hombres de las tareas domésticas, así como el cuidado de los niños. Cabe destacar que este equilibrio no debe abordarse solo para las mujeres que tienen o planean tener familia, es un equilibrio de carga laboral que debe garantizarse independientemente de las condiciones personales.

Prejuicios asociados a la maternidad: Se tiene una concepción de que la mujer es la principal responsable de la crianza de los hijos. Muchas empresas toman la decisión de poner preferiblemente a los hombres en cargos directivos porque creen que la mujer no va a tener la misma disponibilidad para atender todo lo que la compañía requiere.

Sumado a esto, las compañías tienen un imaginario de un sobrecosto por el tiempo de ausencia de la mujer en sus licencias de maternidad.

Techo de cristal: Hace referencia a esas barreras invisibles de la posibilidad que tiene la mujer de ascender a cargos directivos en las compañías. Este punto recoge todo lo mencionado, la creencia de unos roles definidos por género y escepticismo frente a la posibilidad de asumir roles de gran relevancia alternándolos con los compromisos familiares.

Barreras internas

Mantener el techo de cristal: El manejo cultural y social que se le dio a este tema por muchos años, afectó considerablemente la percepción que la mujer tiene de sí misma. Es muy importante empezar a Barreras internas entender que hablar de equidad le compete a toda la sociedad, a las familias y a las empresas; y comenzar a desarrollar actitudes claves de liderazgo en la mujer.

Síndrome del impostor:

Muchas mujeres sufren del llamado síndrome del impostor, que hace referencia a que una mujer contando con todo el talento, las habilidades y las capacidades para desempeñar un rol, están convencidas de lo contrario y sienten que son un fraude, pues no se creen merecedoras de reconocimientos o ascensos. La falta de confianza de sus capacidades dificulta no solo que las mujeres tengan ese impulso de competir por crecimiento profesional, sino que además se le atribuye el hecho de que la mujer tenga menor tendencia a negociar salarios y puede ser una de las principales razones de la brecha salarial. Para romper todas las barreras anteriormente mencionadas y trabajar por la equidad, la capacitación, los procesos de selección estandarizados, políticas de equidad de género y las prácticas de balance de vida y trabajo, son más que necesarios.

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