Presión intracraneal en perros y gatos: guía clínica para el manejo seguro del drenaje ventricular
Introducción: cuando el cerebro no tiene margen de error
En neurología veterinaria, pocos escenarios son tan sensibles como el manejo de la presión intracraneal (PIC). A diferencia de otros sistemas, el encéfalo trabaja dentro de un compartimento rígido e inextensible: el cráneo. Ese detalle anatómico vuelve cualquier variación de volumen en un problema potencialmente crítico, porque no existe “espacio extra” para acomodar cambios rápidos.
En el contexto de la medicina crítica, intervenir el líquido cefalorraquídeo (LCR) —por ejemplo, mediante un catéter intraventricular— no es un gesto técnico aislado. Es una intervención que modifica gradientes de presión, perfusión y distribución de volúmenes intracraneales. En un simposio académico, el doctor Miguel Matiz enfatizó un punto útil para la práctica diaria: si se drena LCR sin control estricto de la PIC y sin condiciones adecuadas de monitorización y soporte, pueden aparecer descompensaciones rápidas por cambios abruptos del equilibrio intracraneal.
El objetivo de esta guía es repasar, con enfoque clínico, los fundamentos fisiopatológicos de la PIC, los principios de monitorización, el impacto de la ventilación sobre la hemodinámica cerebral y, especialmente, por qué el drenaje ventricular debe ejecutarse de forma gradual y bajo condiciones rigurosas. Está pensada para médicos veterinarios y equipos de UCI que buscan estandarizar criterios y reducir riesgos en pacientes neurológicos inestables.
1. Principio de Monro-Kellie: el marco que lo explica casi todo
El principio de Monro-Kellie describe la relación de volúmenes dentro del cráneo. En términos prácticos: el volumen total intracraneal es (casi) constante y está compuesto por tres elementos principales: parénquima cerebral, sangre (arterial y venosa) y LCR. Si uno aumenta, otro(s) deben disminuir para mantener estable la PIC.
Este principio no es un “dato de examen”; es una brújula para interpretar deterioros clínicos. Un edema cerebral incrementa el volumen del parénquima. Una hemorragia intracraneal añade volumen de sangre (y masa). Una hidrocefalia incrementa el volumen de LCR. En fases tempranas, el organismo compensa desplazando LCR hacia el canal espinal y reduciendo volumen venoso. Cuando esa compensación se agota, pequeños aumentos de volumen producen grandes incrementos de PIC.
En la práctica, esto implica que un procedimiento que cambie rápidamente el volumen de LCR (drenaje) puede alterar el equilibrio y generar desplazamientos de tejido cerebral si el resto de compartimentos no puede adaptarse a la misma velocidad.
2. Fisiología del líquido cefalorraquídeo: producción, circulación y reabsorción
El LCR se produce principalmente en los plexos coroideos y circula por el sistema ventricular: ventrículos laterales → tercer ventrículo → acueducto mesencefálico → cuarto ventrículo → espacio subaracnoideo. La reabsorción ocurre en estructuras aracnoideas hacia el sistema venoso, manteniendo un balance dinámico entre producción y drenaje.
Funciones clínicas relevantes del LCR:
- Amortigua el encéfalo y reduce el impacto de fuerzas mecánicas.
- Contribuye a la homeostasis del microambiente del sistema nervioso central.
- Participa en la eliminación de metabolitos y productos de desecho.
- Sirve como vía de distribución de señales y sustancias (con implicaciones diagnósticas cuando se analiza).
Cuando hay obstrucción del flujo (por ejemplo, a nivel del acueducto o del cuarto ventrículo) se produce hidrocefalia obstructiva, con aumento progresivo de LCR proximal a la obstrucción. En escenarios agudos, ese incremento puede elevar la PIC y comprometer la perfusión cerebral en cuestión de horas.
3. Presión intracraneal, perfusión cerebral y por qué importan juntas
La PIC es la presión dentro del cráneo. Sin embargo, clínicamente, lo que más correlaciona con daño secundario es la presión de perfusión cerebral (PPC). La PPC puede expresarse como:
PPC = Presión arterial media (PAM) − Presión intracraneal (PIC)
Si la PIC sube y la PAM no compensa, la PPC cae y el encéfalo recibe menos flujo sanguíneo. Esto puede causar isquemia, empeorar edema y activar un círculo vicioso (isquemia → edema → más PIC). Por eso, “bajar la PIC” no es el único objetivo: se busca preservar PPC y oxigenación.
En la cabecera del paciente, la pregunta práctica es doble: (1) ¿está subiendo la PIC? y
(2) ¿estoy sosteniendo adecuadamente la PAM/oxigenación para mantener perfusión cerebral? Un enfoque aislado en uno solo de estos ejes aumenta el riesgo de decisiones contraproducentes.
4. Hipertensión intracraneal en perros y gatos: causas y pistas clínicas
La hipertensión intracraneal (HIC) ocurre cuando la PIC supera la capacidad de compensación. Puede ser focal o difusa, aguda o progresiva, y su presentación depende de la causa subyacente y de la rapidez con que se instaura.
PeCtaInudsuasstryfr/eAcpupelenitnedsusetnry.pceomqueños animales:
- Trauma craneoencefálico (contusión, hemorragia, edema).
- Hidrocefalia congénita o adquirida (obstructiva o comunicante).
- Neoplasias intracraneales (masa y edema perilesional).
- Encefalitis/meningoencefalitis (inflamación y edema).
- Hemorragia espontánea o secundaria a coagulopatías. Signos clínicos que deben encender alarmas:
- Deterioro del estado mental (de desorientación a estupor/coma).
- Anisocoria o cambios pupilares (dependiendo de la lesión y progresión).
- Alteraciones en postura (decorticación/descerebración) en casos graves.
- Bradicardia con hipertensión sistémica (patrón compatible con reflejo de Cushing).
- Convulsiones o crisis recurrentes, especialmente si hay edema/inflamación.
Ningún signo aislado “diagnostica” HIC, pero la combinación, la tendencia y el contexto (trauma, hidrocefalia, masa) deben guiar la urgencia de intervención y monitorización.
5. ¿Cuándo considerar un catéter intraventricular y drenaje de LCR?
El catéter intraventricular cumple dos objetivos: medir PIC de forma directa y, si se configura como drenaje, permitir la extracción controlada de LCR. Es un recurso de alto valor, pero también de alto riesgo si se usa sin protocolos.
Indicaciones clínicas típicas (según disponibilidad y criterio del equipo):
- Hidrocefalia obstructiva aguda con deterioro neurológico progresivo.
- Necesidad de monitorización continua de PIC en pacientes críticos con alto riesgo de HIC.
- Control de PIC cuando otras medidas no son suficientes y existe una causa que justifique drenaje.
- Situaciones específicas donde se requiere acceso ventricular con fines terapéuticos o diagnósticos, bajo estándares de asepsia y control.
No es una técnica “de rutina”. La decisión debe ponderar: severidad clínica, recursos de monitorización, experiencia del equipo, riesgo infeccioso, y beneficios esperados frente a alternativas.
PetIndustry / Appleindustry.com
6. El punto crítico: por qué el drenaje brusco puede
descompensar al paciente
Cuando se drena LCR, se modifica el volumen intracraneal de manera directa. Si el drenaje es rápido, el sistema no alcanza a redistribuir volúmenes de sangre y parénquima de forma segura. Esto puede generar cambios súbitos en gradientes de presión y provocar desplazamientos del tejido cerebral.
Riesgos asociados a drenaje no controlado:
- Colapso ventricular y cambios en la geometría intracraneal (especialmente si el volumen drenado es alto en poco tiempo).
- Hemorragia secundaria (por tracción/alteración de vasos frágiles o cambios de presión).
- Disminución abrupta de PPC o perfusión regional por cambios hemodinámicos intracraneales.
- Hernias cerebrales (transtentorial, tonsilar), si se crean gradientes peligrosos entre compartimentos.
La idea central es simple: el LCR no es “agua sobrante”. Es parte de un equilibrio. Extraerlo como si se estuviera vaciando un recipiente ignora la fisiología. Por eso se insiste en: drenaje gradual, sistema calibrado (altura del colector), objetivos de presión definidos y reevaluación neurológica y hemodinámica continua.
7. Monitorización de PIC: métodos y consideraciones prácticas
La monitorización directa mediante catéter intraventricular es una referencia importante porque permite medición continua y, en algunos sistemas, drenaje terapéutico. Sin embargo, requiere infraestructura, entrenamiento, protocolos de asepsia y vigilancia de complicaciones.
Ventajas:
- Medición continua y objetiva de tendencias de PIC.
- Posibilidad de intervenir con drenaje controlado cuando está indicado.
- Mejor capacidad para ajustar metas de PPC y terapias en UCI. Limitaciones y riesgos:
- Infección asociada al dispositivo.
- Hemorragia o lesión por colocación.
- Obstrucción del catéter o lecturas erráticas.
- Acceso limitado en algunos entornos por costo o disponibilidad.
PeCtuInadnudstoryla/ Amppolneiintodruisztaryc.icóonminvasiva no está disponible, el equipo debe apoyarse en evaluación neurológica seriada, signos fisiológicos, y parámetros de soporte (oxigenación, ventilación, hemodinamia). Aun así, se debe ser cauteloso: “no medir” no significa “no tener PIC elevada”.
8. Ventilación, PaCO2 y hemodinámica cerebral: el error silencioso
La PaCO2 modula el tono vascular cerebral. En términos generales:
- Hipercapnia (PaCO2 elevada) → vasodilatación cerebral → aumenta volumen sanguíneo intracraneal → puede aumentar PIC.
- Hipocapnia (PaCO2 baja) → vasoconstricción cerebral → puede reducir PIC de forma transitoria, pero también reduce flujo cerebral si es excesiva o prolongada.
En UCI, la ventilación mecánica es una herramienta potente, pero debe usarse con metas claras. Una hiperventilación agresiva y sostenida puede bajar PIC a costa de hipoperfusión cerebral. En cambio, permitir hipercapnia por ventilación insuficiente puede agravar la HIC.
Por eso, el control ventilatorio debe integrarse al plan hemodinámico: mantener oxigenación, evitar picos de PaCO2, y reevaluar la respuesta neurológica. La ventilación es parte del tratamiento neurológico, no un “tema aparte” del anestesiólogo o intensivista.
9. Enfoque clínico integrado: objetivos y vigilancia en tiempo real
En pacientes con sospecha o confirmación de HIC, el manejo efectivo se apoya en tres pilares:
- Evitar aumentos adicionales de PIC (posicionamiento, minimizar estímulos nociceptivos, control de ventilación).
- Sostener perfusión cerebral adecuada (hemodinamia y PPC).
- Tratar la causa subyacente (masa, hidrocefalia, hemorragia, inflamación).
Vigilancia en tiempo real significa trabajar por tendencias, no por “fotografías”. Lo que importa es si el paciente mejora o empeora con una intervención: cambios pupilares, estado mental, patrones respiratorios, estabilidad hemodinámica, y, cuando existe monitorización, la tendencia de PIC y PPC.
Cuando se realiza drenaje ventricular, el equipo debe definir: (1) meta de presión, (2) velocidad de drenaje, (3) umbrales para detener o ajustar, y (4) plan de reevaluación. Sin esas reglas, el procedimiento se vuelve dependiente del impulso y no del control.
10. Errores frecuentes y cómo prevenirlos con protocolo
En la práctica, los eventos adversos suelen asociarse a fallos de proceso más que a “mala suerte”. Errores típicos incluyen:
- Drenar LCR sin criterios de meta (sin objetivo de PIC o sin plan de ajuste).
- No coordinar drenaje con soporte ventilatorio y hemodinámico (PPC ignorada).
- Pasar por alto signos tempranos de deterioro neurológico por intervalos largos sin reevaluación.
- Relajar la asepsia y aumentar el riesgo de infección asociada a catéter.
- No documentar volumen drenado, tiempos y respuesta clínica (dificulta decisiones posteriores).
La prevención se basa en estandarización: checklist de colocación, esquema de vigilancia, registro de volumen drenado, metas de ventilación, y roles claros del equipo. En neurología crítica, el protocolo no es burocracia: es seguridad.
Conclusión
El manejo de la presión intracraneal en perros y gatos es un ejercicio de equilibrio fino. La PIC no es un número abstracto: está íntimamente ligada a la perfusión cerebral y a la posibilidad de daño secundario. Cuando se interviene el LCR mediante drenaje ventricular, la variable crítica es el control: drenaje gradual, monitorización cuando esté disponible, y soporte ventilatorio y hemodinámico alineado con el objetivo de preservar perfusión.
La lección clínica es contundente: en pacientes neurológicos inestables, los cambios bruscos —aunque parezcan “resolver” el problema— pueden crear uno más grave. El drenaje ventricular, bien indicado y bien controlado, es una herramienta terapéutica valiosa. Mal ejecutado, puede acelerar el deterioro.





