Mary Veloza y la nueva camada veterinaria que ya está moviendo la industria

Jóvenes Veterinarios, contenido digital, emprendimiento y visión de negocio: el perfil de una generación que no piensa esperar al grado para empezar a dejar huella

En la industria de animales de compañía en Colombia hay una señal cada vez más clara: el relevo generacional no viene caminando despacio. Viene corriendo, creando contenido, estudiando, emprendiendo, conectándose con marcas globales y entendiendo que hoy ser médico veterinario ya no consiste solo en saber de clínica. También exige criterio, comunicación, empatía, formación continua y visión de negocio. Esa lectura se hace evidente en la conversación de Pet Industry al Aire con Mary Veloza, estudiante de Medicina Veterinaria, líder del programa Jóvenes Veterinarios de Nestlé Purina, creadora de contenido educativo y emprendedora.

La entrevista funciona como una radiografía de lo que se está cocinando en las nuevas generaciones del gremio veterinario. Mary no habla desde la teoría vacía ni desde el optimismo de póster. Habla desde una experiencia concreta: estudia en la Universidad de Pamplona, viene de Bogotá, cursa octavo semestre, fue auxiliar médico veterinario desde muy joven y, al mismo tiempo, ha construido comunidad digital y una empresa familiar alrededor del mundo pet.

Eso ya dice mucho. Pero lo más interesante no es la suma de logros. Lo más potente es el tipo de profesional que empieza a perfilarse detrás de esa historia.

Una vocación que no apareció de la nada

En sectores como el veterinario suele romantizarse demasiado la palabra “vocación”. Se usa como un adorno. En el caso de Mary, más bien aparece como una línea de continuidad. En la conversación cuenta que desde muy niña supo que quería ser médica veterinaria; incluso recordó una foto suya, de alrededor de seis años, disfrazada de veterinaria. Más adelante, cuando surgió la duda lógica de cualquier joven —“¿sí será esto lo mío?”— decidió probarlo en serio cursando un técnico como auxiliar veterinario mientras terminaba el colegio.

Ahí hay una primera lección interesante para la industria: el talento joven valioso no siempre llega por casualidad; muchas veces se viene formando desde antes, tomando decisiones tempranas y buscando contacto real con la profesión. No esperó a tener el cartón para acercarse al oficio. Empezó antes. Y eso marca diferencias.

Hoy, cuando tantas empresas del sector dicen estar buscando perfiles con iniciativa, autonomía y comprensión más amplia del negocio, vale la pena mirar con atención historias como esta. Porque muestran que sí hay jóvenes con hambre de construir, pero necesitan ecosistemas que les den visibilidad, herramientas y oportunidades.

Del cuaderno de anatomía al contenido con propósito

Uno de los puntos más llamativos del perfil de Mary es su relación con la comunicación. Antes de convertirse en creadora de contenido veterinario, ya venía experimentando con lo audiovisual. Contó que desde los doce años hacía videos en YouTube sobre manualidades, y que fue aprendiendo de forma autónoma a editar y producir sus piezas. Más adelante, al entrar a la universidad, encontró una manera de unir esa vena creativa con su formación profesional: comenzó compartiendo apuntes de anatomía hechos a mano y luego evolucionó hacia videos donde hablaba frente a cámara sobre temas básicos de cuidado de mascotas.

Ese tránsito no es un detalle menor. Lo que empieza como contenido de estudio termina convirtiéndose en una plataforma de educación. Y allí se ve un fenómeno que la industria debería tomarse mucho más en serio: las nuevas voces veterinarias no solo quieren ejercer; también quieren explicar, traducir, enseñar y construir comunidad.

En un entorno saturado de desinformación, mitos, consejos virales de dudosa procedencia y tutores que consultan más rápido una red social que una cita profesional, tener perfiles jóvenes que comuniquen con criterio deja de ser un “extra bonito” y se convierte en una ventaja estratégica para el sector. La clínica que entienda eso primero, corre con ventaja.

Comunicar sí, improvisar no

Ahora bien, crear contenido en salud animal no es jugar a ser influencer de batas bonitas. Y eso Mary lo tiene claro. En la entrevista reconoce que se trata de un terreno delicado, especialmente porque muchos tutores escriben por mensaje directo buscando orientación clínica concreta. Su postura es sensata: entiende que hay un límite ético y profesional sobre lo que puede decirse desde una pantalla, sin examen físico, sin evaluación completa y sin contexto clínico suficiente. Por eso insiste en revisar muy bien sus contenidos para evitar interpretaciones ambiguas y en dejar claro cuándo la recomendación real es acudir a un médico veterinario.

Ese punto merece aplauso, pero también análisis de negocio. Porque ahí aparece una necesidad urgente de la industria: formar comunicadores con criterio clínico y clínicos con criterio comunicativo. No basta con saber mucho. Tampoco basta con tener carisma. En la economía de la atención, el sector necesita profesionales capaces de informar sin trivializar, conectar sin caer en la irresponsabilidad y generar confianza sin reemplazar la consulta.

Dicho sin maquillaje: al sector le sirven más perfiles así que cien cuentas con bailes, frases cursis y recomendaciones flojas.

Jóvenes Veterinarios: cuando una marca entiende que formar también es construir industria

Uno de los ejes centrales de la conversación fue el programa Jóvenes Veterinarios, vinculado a Nestlé Purina. Mary lo describe como una iniciativa pensada para unir al gremio joven veterinario e impulsar su formación académica y laboral a través de recursos como cursos gratuitos, webinars, charlas, libros y otros materiales disponibles en la plataforma Vet Center Online. También menciona que existe una red de embajadores en universidades del país y un sistema de incentivos por puntos para quienes toman cursos y participan activamente.

Acá hay una lectura poderosa desde el punto de vista empresarial. Muchas marcas dicen que quieren acercarse a los estudiantes o al futuro del gremio. Pero una cosa es decirlo en una presentación comercial y otra muy distinta es crear una estructura real de acceso, formación y comunidad. Lo interesante del programa es que no se limita a entregar contenido técnico sobre nutrición. Según explica Mary, también ofrece herramientas sobre hoja de vida, empleabilidad, e incluso recursos relacionados con otras habilidades necesarias en el mundo laboral.

Eso importa porque responde a un vacío que persiste en buena parte de la formación universitaria veterinaria: muchos estudiantes salen con bases médicas, pero con poco aterrizaje en temas como administración, marketing, empleabilidad, finanzas o manejo empresarial. Mary lo dice con claridad: la universidad da muchas herramientas, pero esas otras capas del ejercicio profesional no siempre se abordan a profundidad.

En otras palabras, cuando una marca forma mejor al futuro profesional, también ayuda a construir un mercado más maduro. Y eso, bien ejecutado, no es oportunismo. Es visión.

La universidad ya no alcanza sola

Uno de los momentos más lúcidos de la entrevista es cuando Mary plantea que “uno mismo se hace la carrera que uno quiere”. La frase suena simple, pero encierra un cambio profundo. La generación que viene no está esperando que todo le llegue en el pénsum. Sabe que el título es una base, no el edificio completo.

Ese cambio de mentalidad tiene consecuencias para todos los actores del ecosistema veterinario. Para las universidades, implica revisar cómo se están conectando con la realidad laboral. Para las marcas, abre la puerta a convertirse en aliadas genuinas de formación. Para las clínicas y empresas del sector, significa que el perfil joven que contraten puede traer algo más que conocimiento técnico: puede traer habilidades digitales, intuición comunicativa, sensibilidad de marca y lectura del comportamiento del tutor actual.

No se trata de idealizar a los jóvenes. También tienen miedos, vacíos y zonas por desarrollar. Pero sí de entender que muchos llegan con un chip distinto: más híbrido, más inquieto, más dispuesto a mezclar ciencia, contenido, negocio y comunidad.

Redes sociales veterinarias: no se trata de hacer ruido, sino de saber para quién hablas

Cuando en la entrevista se toca el tema de la comunicación digital en clínicas veterinarias, Mary da un consejo que parece obvio, pero que muchos negocios aún ignoran: primero hay que definir a quién se quiere llegar. A partir de ahí, cambia el tono, el formato, la velocidad y el tipo de contenido. Si el público es joven, probablemente funcione una ejecución más dinámica. Si el público es más adulto, puede requerirse una comunicación más sobria, concreta o explicativa. También señala que hoy se valora mucho la originalidad y la autenticidad, y que no existe una fórmula única que garantice viralidad.

Ese punto es oro puro para gerentes de clínicas, pet shops y prestadores de servicios del sector. Porque durante años demasiadas marcas en la industria han usado las redes como una cartelera de promociones, cumpleaños de peludos y fotos de pacientes sin una estrategia clara de segmentación. El resultado suele ser el mismo: contenido tibio, sin norte y sin capacidad real de diferenciar.

La reflexión de fondo es esta: el sector veterinario necesita dejar de comunicar “para todo el que tenga perro o gato” y empezar a comunicar para públicos concretos, con necesidades concretas y lenguajes concretos. Eso no solo mejora el alcance. También mejora la conversión, la recordación y la confianza.

Emprender mientras se estudia: la escuela que no cabe en un aula

Si el perfil de Mary ya era interesante por su faceta académica y digital, su historia como emprendedora termina de redondearlo. En la entrevista cuenta que Beaty’s Paws nació durante su formación técnica, inicialmente como un proyecto de galletas naturales para perros y gatos, y luego evolucionó hacia un local físico con pet shop y servicio de peluquería. La apuesta diferencial, según explica, fue diseñar una experiencia realmente pet friendly, con atención individual y sin replicar el modelo tradicional de acumulación de turnos y espera prolongada para los animales.

Aquí la historia se pone especialmente interesante para Pet Industry, porque deja una lección muy concreta: las nuevas generaciones no solo quieren trabajar en la industria; también quieren rediseñarla.

Mary habla del emprendimiento como una experiencia donde hay que ser de todo un poco: contador, recepcionista, publicista, operador, estratega. También resalta algo decisivo: una empresa no puede basarse solo en vender; las relaciones con el cliente y la confianza construida con el tutor tienen un valor enorme.

Traducido al lenguaje empresarial: esta generación entiende, quizá antes que muchas empresas consolidadas, que la fidelización no nace solo del servicio técnico, sino de la experiencia total. Y en una industria donde el vínculo emocional con el paciente pesa tanto, eso puede marcar diferencias brutales.

El miedo real del joven veterinario no es estudiar mucho: es responder solo

Cuando se le pregunta qué inquieta hoy a un joven veterinario, Mary no responde con una frase trillada. Va al nervio. Dice que uno de los mayores miedos es enfrentarse a la primera consulta y tener que tomar decisiones por cuenta propia, con la responsabilidad de actuar sin el respaldo inmediato de un superior. También reconoce que, con todo lo que ha avanzado la medicina veterinaria y la creciente especialización del sector, es fácil sentir que al graduarse apenas se tiene una fracción del conocimiento que hará falta en la práctica.

Eso debería hacer reflexionar a más de un líder del sector. Porque detrás de esa inquietud hay una oportunidad enorme para clínicas, hospitales, empresas y programas de formación: acompañar mejor la transición entre estudiante y profesional.

No basta con abrir vacantes junior. Hace falta construir procesos más inteligentes de mentoría, inducción, acompañamiento clínico y crecimiento progresivo. Si el sector quiere retener talento joven de calidad, tendrá que dejar de lanzarlo al agua con una sonrisa y un “usted verá”.

Una generación que no espera el título para empezar a construir país

En otro tramo de la charla, Mary menciona su participación en el Encuentro de Jóvenes de la Alianza del Pacífico, donde compartió con jóvenes de distintos países y sectores, abordando temas como oportunidades laborales, empleo y trabajo en redes sociales. Para ella, la experiencia fue transformadora por el contacto multicultural y por la posibilidad de que los jóvenes fueran escuchados en discusiones de fondo.

Eso también dice mucho sobre el calibre de liderazgo que se está formando. No estamos hablando solamente de una estudiante aplicada o de una buena creadora de contenido. Estamos hablando de perfiles que ya están desarrollando lectura regional, voz propia y capacidad de representación.

Y eso le conviene a toda la industria. Porque una profesión más fuerte no se construye solo con buenos clínicos. También necesita líderes, voceros, emprendedores y puentes entre la academia, las marcas, las empresas y la sociedad.

Lo que representa Mary Veloza para la industria

Sería fácil cerrar esta historia diciendo que Mary Veloza “promete mucho”. Pero la verdad es otra: ya está haciendo mucho. Estudia, comunica, representa, emprende, articula y entiende que la medicina veterinaria del presente exige más que conocimientos clínicos. Exige visión. Exige sensibilidad. Exige lectura del tutor contemporáneo. Exige habilidad para aprender de forma permanente. Y sí, también exige marca personal.

En una industria donde durante años muchos profesionales aprendieron a punta de ensayo, error y kilómetros de experiencia, ver surgir perfiles que desde la universidad ya hablan de formación complementaria, autenticidad en redes, responsabilidad ética, empleabilidad y construcción empresarial, no debería verse como una rareza simpática. Debería entenderse como una señal de hacia dónde puede crecer el sector.

La conversación en Pet Industry al Aire deja una conclusión clara: la nueva generación veterinaria no está esperando a que le abran la puerta; está aprendiendo a construir su propia entrada.

Y eso, para una industria que necesita talento mejor preparado, más humano, más conectado con la realidad del mercado y más dispuesto a innovar desde el criterio, no es una anécdota. Es una muy buena noticia.

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