Jason Gagné: cuando la nutrición deja de ser alimento y se convierte en plataforma de salud para perros y gatos
La pregunta ya no es qué comen las mascotas, sino qué puede lograr la nutrición bien pensada
En medicina veterinaria, la nutrición ya no puede seguir ocupando el asiento de atrás.
Durante años, en muchas clínicas, el alimento fue tratado como una recomendación complementaria. Algo que se sugiere al final de la consulta, casi como quien entrega la factura y recuerda la próxima vacuna. Pero ese enfoque ya no da la talla.
La participación del Dr. Jason Gagné en el Primer Simposio del Purina Institute realizado en Colombia dejó clara una idea de fondo: la nutrición moderna no es solo soporte. Es intervención. Es estrategia. Es ciencia aplicada. Y, en muchos casos, es una de las herramientas más poderosas para acompañar la prevención, el tratamiento y la calidad de vida de perros y gatos.
Su conferencia, titulada “Innovaciones nutricionales: promoviendo la salud de las mascotas”, no se limitó a repasar hitos históricos o avances de portafolio. Fue, en realidad, una exposición amplia sobre cómo una compañía construida alrededor de la investigación ha intentado traducir décadas de evidencia en soluciones concretas para la práctica veterinaria: desde el control de peso hasta el microbioma, pasando por salud urinaria, inmunidad, comportamiento, función cognitiva, envejecimiento y hasta el manejo de alérgenos felinos en el entorno humano.
Y ahí estuvo uno de los puntos más interesantes de su charla: no presentar la nutrición como una categoría comercial, sino como una infraestructura científica para resolver problemas reales.
¿Quién es Jason Gagné y por qué su voz pesa en la conversación veterinaria global?
El Dr. Jason Gagné es Board-Certified Veterinary Nutritionist® y actualmente se desempeña como Director of External Relations del Purina Institute. Su rol lo ubica en un punto estratégico: conectar ciencia, relaciones con líderes de opinión, investigación, comunicación técnica y desarrollo de alianzas con expertos alrededor del mundo.
Pero su trayectoria no nació en una sala de juntas.
Antes y durante su residencia en Cornell, trabajó como veterinario asociado en práctica de pequeños animales en Syracuse, Nueva York. Es decir, no viene solamente del mundo de la formulación nutricional o del ecosistema corporativo, sino también de la clínica, del paciente, del consultorio y de las decisiones que tienen que tomarse con tiempo limitado, clientes con dudas y casos que no admiten teoría vacía.
Se graduó como médico veterinario en la Universidad de Cornell, regresó luego a esa misma institución para completar su residencia en nutrición clínica de pequeños animales, y desde 2012 se unió a Nestlé Purina PetCare, donde ha participado en el avance de una agenda científica amplia que cruza nutrición, metabolismo, microbioma, salud urinaria, bienestar y vínculo humano-animal.
Además, ha publicado en revistas veterinarias, libros de texto, ha sido conferencista nacional e internacional, revisor científico y miembro de espacios vinculados a salud canina y protección animal.
En otras palabras, no estamos hablando de un vocero de marca leyendo diapositivas bonitas. Estamos hablando de un nutricionista veterinario con experiencia clínica, respaldo académico y una visión bastante clara de hacia dónde se está moviendo la medicina veterinaria.
El corazón de su mensaje: una empresa puede vender alimentos, pero debe sostenerlos con ciencia
Desde el inicio de su exposición, Gagné marcó una intención importante: no quería sonar presumido. Y, de hecho, el enfoque no fue ese. Lo que quiso presentar fue una visión de compañía construida alrededor de la investigación, la seguridad alimentaria y el aprendizaje acumulado.
Su argumento central fue simple pero potente: cuando un clínico decide incorporar una dieta, suplemento o herramienta nutricional dentro de un plan de bienestar o terapéutico, necesita confiar en que detrás hay evidencia, procesos, control de calidad, experiencia y capacidad de innovación sostenida en el tiempo.
Y esa confianza, según mostró en su línea de tiempo, no debería basarse en slogans sino en historia científica.
Purina, explicó, lleva más de 130 años elaborando alimentos, desde que William Danforth buscó ofrecer una nutrición pura en un formato fácil de suministrar. Más allá del dato histórico, el punto que quiso subrayar fue otro: en más de un siglo se cometen errores, sí, pero también se aprende, se corrige y se construye una estructura de conocimiento que no aparece de la noche a la mañana.
En su campus de San Luis, Misuri, señaló, trabajan más de 200 personas solo en la sede norteamericana, dentro de una red global mucho más amplia de científicos, analistas, expertos en comportamiento, microbiología, nutrición, inmunología y otras áreas. Ese ecosistema, amplificado desde Purina Institute, busca llevar hallazgos científicos al lenguaje clínico.
No es poca cosa. En un mercado donde muchas veces la conversación sobre nutrición se banaliza, recordar que detrás de una dieta hay laboratorios analíticos, centros de I+D, pruebas de digestibilidad, evaluación fecal, control de pH urinario y ensayos de alimentación resulta bastante pertinente. La nutrición bien hecha no empieza en el empaque. Empieza mucho antes.
De la extrusión al microbioma: innovación no es una palabra elegante, es una cadena de decisiones técnicas
Uno de los tramos más valiosos de la conferencia fue la manera en que Gagné aterrizó la historia de la tecnología alimentaria al mundo clínico.
Recordó que Purina creó el concepto de lo que hoy se conoce como kibble, al desarrollar el proceso de extrusión en 1957, y luego el primer alimento seco extruido para gatos en 1962. Podría parecer un dato industrial más, pero él explicó por qué importa: la extrusión permite controlar variables como temperatura, presión, fricción, cocción y forma del alimento, y con eso optimizar digestibilidad, consistencia y rendimiento del producto final.
Dicho en lenguaje menos de laboratorio y más de clínica: no se trata solo de fabricar croquetas. Se trata de entender cómo cocinar ingredientes distintos —pollo, pescado, res, entre otros— con parámetros adecuados para que el resultado final sea altamente digerible, bien tolerado y con bajo residuo fecal.
Eso enlaza con un mensaje de fondo que recorrió toda su charla: la innovación nutricional no es una novedad para mostrar en una feria. Es la capacidad de ajustar procesos, estudiar resultados, alimentar a poblaciones diversas y mejorar constantemente.
Y ese mismo espíritu de investigación aparece después en otros hitos que mencionó: la apertura de laboratorios analíticos, centros de investigación y desarrollo, instalaciones específicas para perros y gatos, y un sistema global de aseguramiento de la calidad en más de 50 fábricas propias.
La conclusión es clara: cuando el veterinario recomienda una dieta, no está eligiendo solo una fórmula. Está eligiendo un modelo de investigación.
El peso corporal ya no es un tema estético: es medicina preventiva con impacto en supervivencia
Otro de los grandes ejes de su intervención fue el manejo del peso.
Gagné recordó que Purina desarrolló en 1993 el sistema de Body Condition Score de 1 a 9, hoy ampliamente utilizado en el mundo, y destacó algo que debería sonar más fuerte en la práctica diaria: más del 60% de perros y gatos se consideran hoy con sobrepeso u obesidad.
Ese dato no es menor. Tampoco es decorativo. Es una alerta.
Durante mucho tiempo, el exceso de peso en mascotas ha sido tolerado con una indulgencia preocupante. “Está gordito pero bonito”, dicen algunos clientes. El problema es que la fisiología no compra ese argumento.
En su charla, Gagné retomó la lógica detrás de las dietas de control de peso: reducir calorías, sí, pero también entender cómo preservar masa magra durante el proceso de adelgazamiento. De ahí la relevancia de las dietas con mayor concentración proteica, que ayudan a mantener tejido metabólicamente activo mientras se favorece la pérdida de grasa.
Explicó además que la masa magra no es solo “músculo bonito”; es parte de la maquinaria metabólica que quema calorías. Si el paciente pierde demasiado tejido magro en un programa de adelgazamiento, se reduce su capacidad metabólica y se compromete la calidad del resultado.
Este punto conecta perfecto con una de las investigaciones más emblemáticas mencionadas por Gagné: el Lifespan Study, un estudio de 14 años en Labradores Retriever, que mostró que los perros alimentados de forma más magra, manteniéndose alrededor de un BCS de 4 a 5, vivieron en promedio 1,8 años más que los controles.
Eso cambia la conversación. Ya no hablamos de “que se vea mejor”. Hablamos de longevidad.
La longevidad felina también puede trabajarse desde la nutrición
No todo quedó en perros. Gagné también presentó un estudio de largo plazo en gatos que siguió animales desde los 7 hasta los 16 años y evaluó el impacto de una mezcla nutricional específica.
Según explicó, el grupo que recibió una combinación con antioxidantes incrementados, ácidos grasos esenciales omega 3 y omega 6, y prebióticos como raíz de achicoria mostró beneficios en mantenimiento de peso, estado antioxidante, menor fragilidad y mejor conservación de ciertos parámetros físicos asociados al envejecimiento saludable.
Este tramo de su exposición fue relevante porque ayuda a combatir una resignación común en clínica felina: la idea de que el gato mayor inevitablemente se deteriora y que solo queda acompañar la caída. La evidencia que presentó sugiere otra cosa: hay margen para modular trayectorias de envejecimiento.
La nutrición, bien diseñada, puede ayudar a que el gato viejo no se vuelva rápidamente un paciente frágil, caquéctico o inmunológicamente debilitado.
Y eso es especialmente importante en una especie donde muchas veces los cambios se detectan tarde y el deterioro se oculta detrás de un paciente que sigue “siendo tranquilo”, cuando en realidad ya está perdiendo condición corporal, densidad ósea o reserva fisiológica.
La salud urinaria felina: cuando la formulación alimentaria entra de lleno al terreno clínico
Otro de los temas en los que Gagné hizo énfasis fue la salud urinaria felina, un campo donde la nutrición terapéutica ha tenido un papel histórico importante.
Mencionó que Purina trabajó con la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos para avanzar en el desarrollo de productos orientados a salud urinaria y que lanzó uno de los primeros alimentos específicos para el tracto urinario.
Más allá del dato institucional, lo interesante aquí es la forma en que esa línea conecta con la charla de Jodi Westropp sobre LUTD crónica. En otras palabras: la nutrición no reemplaza el abordaje clínico integral, pero sí puede convertirse en una herramienta clave para modificar riesgo, ambiente urinario, adherencia terapéutica y calidad de vida.
Gagné también recordó el desarrollo de dietas para control de bolas de pelo a través del uso de fibra insoluble, capaz de unir el pelo ingerido durante el acicalamiento y favorecer su tránsito digestivo. Puede parecer una categoría “menor”, pero en clínica felina, donde el detalle importa y la acumulación de pequeñas molestias deteriora bienestar, estos avances sí tienen peso.
La gran lección es que muchas condiciones frecuentes en gatos —urinarias, digestivas, de eliminación, de comportamiento alimentario— pueden abordarse mejor cuando la formulación nutricional deja de ser generalista y empieza a responder a una fisiología felina específica.
Diabetes felina: pensar como carnívoro, no como perro pequeño
Uno de los momentos más sólidos de la charla fue su referencia a la formulación de dietas para diabetes felina.
Gagné recordó que durante mucho tiempo se extrapoló al gato una lógica más parecida a la de perros y humanos: más fibra para suavizar índices glucémicos. Y aunque eso ofrecía cierto beneficio, el cambio real vino cuando se diseñó una estrategia más alineada con la biología del gato como carnívoro estricto: más proteína, muy bajo carbohidrato y fibra funcional.
Según explicó, ese abordaje permitió demostrar remisión de diabetes en gatos mediante dieta, algo que destacó como un logro importante.
Aquí el mensaje trasciende la marca. Lo verdaderamente importante es el principio: la nutrición clínica funciona mejor cuando deja de suponer que todas las especies responden igual. El gato no es un perro más pequeño, ni un humano con bigotes y mal genio. Tiene una fisiología particular, y cuando la dieta se alinea con ella, aparecen mejores resultados.
Microbioma, prebióticos y probióticos: la nutrición del futuro ya está metida en el intestino
Una gran parte de la conferencia giró alrededor del microbioma, y con razón. Si algo está redefiniendo la medicina veterinaria actual es la comprensión de que el intestino no es solo un tubo digestivo, sino un centro regulador con impacto inmunológico, metabólico y sistémico.
Gagné explicó que Purina lleva años trabajando con prebióticos como raíz de achicoria, inulina y aleurona, destacando su capacidad para favorecer poblaciones bacterianas consideradas beneficiosas, como Bifidobacterium y Lactobacillus, aumentar la producción de ácidos grasos de cadena corta, apoyar la salud de colonocitos y reducir el pH luminal del colon, dificultando la proliferación de patógenos.
Aterrizado al mundo clínico: no se trata solo de “poner fibra”. Se trata de modular selectivamente el ecosistema intestinal.
También habló del probiótico Enterococcus lactis SF68, una cepa ampliamente investigada, con beneficios demostrados tanto a nivel gastrointestinal como inmunológico. La gracia de esta parte de su exposición no fue solo mencionar el producto, sino mostrar cómo un hallazgo microbiológico puede traducirse en aplicaciones clínicas reales en perros y gatos.
Y aquí el panorama se amplía: el microbioma ya no se mira solo en pacientes con diarrea. Se está mirando en inmunidad, estrés, comportamiento, bienestar y salud general. El intestino, otra vez, se roba el protagonismo.
Nutrición, inmunidad y calostro: el intestino como punto de arranque del sistema inmune
Gagné retomó además un punto que Michael Lappin había trabajado en su conferencia: el uso de calostro como modulador inmunológico.
Explicó que el calostro, más allá de su función clásica en etapas tempranas de vida, puede estimular el sistema inmune del adulto desde el intestino, favoreciendo la producción local de IgA y promoviendo señales inmunológicas que se extienden también al plano sistémico.
Ese detalle es importante porque desmonta una visión limitada de la inmunidad como algo separado de la nutrición. Cada vez resulta más evidente que una parte sustancial del sistema inmune se organiza, regula o activa en estrecha relación con el intestino. Lo que entra por la dieta no solo nutre: también educa.
Para el clínico, esta idea es poderosa. Significa que la elección de una dieta o suplemento no se restringe al aporte calórico o al perfil de macronutrientes. Puede influir en resistencia, recuperación, respuesta inmune y resiliencia frente al estrés fisiológico.
Del comportamiento al bienestar: cuando la nutrición también ayuda a que el animal se sienta mejor
Otro tramo muy interesante de su conferencia fue el que conectó nutrición con comportamiento.
Gagné reconoció el trabajo de Sandra Lyn en comportamiento alimentario felino, pero añadió hallazgos relevantes sobre otras áreas, especialmente en el uso de probióticos y compuestos funcionales para influir en ansiedad, respuesta al estrés y bienestar conductual.
Mencionó estudios con Bifidobacterium longum BL999 en perros, asociados con reducción de conductas ansiosas como ladrido excesivo, saltos, vueltas o deambulación, y trabajos posteriores en gatos que mostraron disminución de signos clínicos de estrés, menor pacing, menor estornudo en ciertos contextos y mayor interacción social con cuidadores, además de cambios medibles en cortisol sérico.
Aquí hay una idea que vale oro para la medicina felina contemporánea: el bienestar ya no se mide solo por ausencia de enfermedad evidente. También importa cómo el animal se comporta, cómo tolera el entorno, cómo interactúa y cómo responde a situaciones desafiantes.
En una época donde muchos gatos ni siquiera llegan con frecuencia a consulta porque el proceso de movilizarlos a la clínica estresa a todos —gato, tutor y veterinario—, pensar en herramientas nutricionales que contribuyan a modular estrés no es un lujo. Es parte del nuevo enfoque integral.
La salud cognitiva también entra en el plato
Gagné dedicó otro segmento a salud cerebral y función cognitiva, especialmente en pacientes geriátricos.
En perros, explicó, el uso de triglicéridos de cadena media (MCT) junto con antioxidantes, arginina, vitaminas del complejo B y aceite de pescado ha permitido ofrecer una fuente alternativa de energía cerebral, especialmente útil cuando el aprovechamiento de glucosa disminuye con la edad.
La lógica bioquímica es elegante: los MCT pueden convertirse en cetonas en el hígado, atravesar la barrera hematoencefálica y alimentar el cerebro con mayor eficiencia. Eso, combinado con otros componentes, ha mostrado mejoras en parámetros de función cognitiva.
En gatos, si bien la mezcla no incluye MCT, sí se ha trabajado con otros componentes nutricionales para apoyar memoria y capacidad de resolución de problemas.
Este punto es clave porque revela algo que la medicina veterinaria está aprendiendo a tomar más en serio: el envejecimiento no es solo desgaste físico. También incluye declive cognitivo, cambios conductuales y pérdida de calidad de vida mental. Si la nutrición puede ayudar allí, estamos frente a un campo con enorme potencial.
Tecnología, caja de arena y monitoreo en casa: la salud felina también se juega fuera de la clínica
Uno de los apartados más novedosos de la charla fue el dedicado a la eliminación felina y el uso de dispositivos para recopilar datos en el hogar.
Gagné explicó cómo, a partir de años de estudio del comportamiento de eliminación y del uso de inteligencia artificial, se han explorado sistemas capaces de colocarse bajo la caja de arena para registrar patrones de ingreso, excavación, eliminación, cobertura, salida y, además, generar datos como tendencias de peso.
Aunque aclaró que estos dispositivos no son herramientas diagnósticas como tal, sí pueden funcionar como sistemas de medición o alerta que ayuden a identificar cambios que merecen una revisión veterinaria.
Este enfoque es muy inteligente, porque parte de una realidad incómoda: muchos gatos no visitan con frecuencia la clínica porque la experiencia es muy estresante. Entonces, si no logramos traer al gato fácilmente al veterinario, quizá parte de la medicina preventiva del futuro deba ir hacia la casa del gato.
En esa línea también mencionó avances en arenas sanitarias, desde sistemas de bajo rastreo o sin fragancia hasta desarrollos con potencial como herramientas de monitoreo. Puede sonar futurista, pero en realidad es una respuesta lógica a una especie que suele esconder signos clínicos y a tutores que no siempre detectan cambios a tiempo.
El vínculo humano-animal también se puede proteger desde la ciencia
Quizá uno de los cierres más interesantes de su conferencia fue el relacionado con el Human Animal Bond.
Gagné recordó que la ciencia también puede trabajar para conservar a los gatos dentro del hogar y fortalecer la convivencia. Uno de los ejemplos más concretos fue el desarrollo de una estrategia alimentaria para ayudar a manejar el principal alérgeno felino, Fel d1, a través del uso de anticuerpos provenientes de huevo en el recubrimiento del alimento seco.
Según explicó, este enfoque permite reducir en promedio la cantidad de Fel d1 activo en la saliva del gato, y con ello contribuir a disminuir la carga alergénica en el ambiente. No se trata de cambiar la fisiología del gato ni “curar” alergias humanas, sino de ofrecer una herramienta adicional para que más personas puedan convivir con gatos o evitar relinquishments por motivos alérgicos.
Este detalle resume muy bien la lógica de toda su exposición: la innovación nutricional ya no se limita al cuerpo del animal. También puede impactar su permanencia en el hogar, la experiencia del tutor y la sostenibilidad del vínculo.
Y en un contexto de bienestar animal, eso tiene un valor enorme.
Lo que deja Jason Gagné para la clínica veterinaria en Colombia
La participación del Dr. Jason Gagné en este primer simposio del Purina Institute en Colombia deja varias conclusiones potentes para el sector veterinario nacional.
La primera es que la nutrición ya no puede tratarse como un accesorio clínico. Debe integrarse desde el diagnóstico, la prevención y el seguimiento de múltiples condiciones.
La segunda es que el verdadero valor de una propuesta nutricional no está en lo que promete, sino en el volumen y calidad de la investigación que la respalda.
La tercera es que el futuro de la nutrición veterinaria es cada vez más transversal: toca metabolismo, microbioma, inmunidad, salud urinaria, envejecimiento, comportamiento, cognición, monitoreo en casa y vínculo humano-animal.
La cuarta, quizá la más importante, es que el veterinario que comprenda bien estas intersecciones tendrá una ventaja clara: podrá construir planes de salud más completos, más sostenibles y con mejor adherencia.
Reflexión final: ya no basta con recomendar un alimento; hay que entender qué sistema se quiere mover
Jason Gagné no llegó a Colombia a mostrar una colección de productos. Llegó a mostrar una manera de pensar.
Una manera de pensar donde la nutrición es un lenguaje común entre ciencia básica, práctica clínica, bienestar animal y relación con el tutor.
Ese enfoque importa mucho. Porque la medicina veterinaria está entrando en una etapa donde cada vez será menos útil pensar en compartimentos cerrados. El intestino habla con el sistema inmune. El peso corporal habla con longevidad. El ambiente habla con conducta. La dieta habla con el riñón, con la vejiga, con el cerebro y hasta con la convivencia humana.
La pregunta ya no es si la nutrición importa.
Eso ya está resuelto.
La pregunta real es si la clínica veterinaria está lista para usarla con toda la profundidad que merece.
Y, después de una charla como la de Jason Gagné, la verdad es esta: seguir viéndola como “la recomendación del final” sería quedarse peligrosamente corto.





