Hill’s Pet Nutrition y Gabrica premiaron el conocimiento clínico en VetCrea durante el Congreso de Nutrición Avanzada en Perros y Gatos
En el marco del Congreso de Nutrición Avanzada en Perros y Gatos, realizado en Bogotá, el complejo de educación e innovación VetCrea abrió un espacio que merece atención especial dentro de la agenda académica de la medicina veterinaria en Colombia: la premiación del concurso de casos clínicos, una iniciativa respaldada por Hill’s Pet Nutrition y Gabrica, representadas durante la ceremonia por Catherine Gutiérrez y Carlos Becerra.
Más allá de la foto, la placa o el cheque, lo que dejó esta entrega fue un mensaje de fondo que vale oro para el ejercicio clínico veterinario: los casos que se atienden en la consulta diaria también son conocimiento, también construyen gremio y también pueden transformarse en material de estudio útil para otros colegas.
En un sector donde con frecuencia el conocimiento parece circular únicamente desde los grandes centros académicos internacionales hacia Latinoamérica, este concurso puso sobre la mesa una idea poderosa: en Colombia también se produce evidencia clínica relevante a partir de la experiencia real de consultorio, hospitalización, cirugía, nutrición y seguimiento terapéutico. Dicho sin anestesia: no toda la conversación veterinaria tiene que venir empacada desde Europa o Estados Unidos.
Un concurso que quiso convertir la práctica diaria en conocimiento compartido
Durante la ceremonia se insistió en una idea que merece repetirse: muchos médicos veterinarios viven casos valiosos en su práctica, pero no siempre los documentan, los estructuran o los convierten en un producto académico para compartir. Y ahí es donde iniciativas como esta cobran sentido.
De acuerdo con lo expresado durante el evento, esta fue la cuarta entrega del proceso, y uno de los grandes objetivos fue motivar a los colegas a escribir, presentar y divulgar. No solo desde el formato tradicional del artículo, sino también a través de otras formas de comunicación, en una apuesta por diversificar la manera en que el conocimiento clínico circula dentro del gremio.
Ese enfoque no es menor. En la premiación se dejó claro que, por primera vez, el concurso amplió sus formatos para que los participantes no se sintieran obligados a limitar su experiencia a un único modelo de presentación. La lógica detrás de esa decisión es contundente: no todos los clínicos disfrutan o dominan la escritura de la misma forma, pero eso no significa que no tengan casos valiosos para mostrar.
Por eso, además de premiar el contenido, el concurso buscó abrir la puerta a distintos lenguajes para compartir la experiencia veterinaria. La intención era que más profesionales se animaran a participar, sin que la barrera fuera exclusivamente “sentarse a redactar un paper” en el sentido clásico del término.
El dato que habla bien del interés del gremio
Uno de los datos más relevantes que dejó la ceremonia fue el volumen de participación. Según se mencionó durante la premiación, el concurso reunió 41 aspirantes, de los cuales se escogieron 12 finalistas, y 9 de ellos acompañaron el acto de manera presencial.
Ese número no es menor. En una categoría académica especializada y en un entorno donde muchas veces el día a día clínico se come el tiempo disponible para documentar, detenerse a estructurar un caso, organizar imágenes, revisar exámenes, redactar hallazgos y convertir una experiencia en una pieza académica ya representa un esfuerzo importante.
Que 41 personas hayan decidido intentarlo habla de varias cosas al mismo tiempo:
La primera, que sí existe interés en compartir conocimiento dentro del gremio veterinario colombiano.
La segunda, que la nutrición clínica está logrando ocupar un lugar más estratégico dentro del razonamiento médico y ya no se percibe solo como un complemento comercial o una recomendación secundaria.
Y la tercera, que los concursos bien planteados pueden convertirse en semilleros reales de producción académica aplicada, conectada con la práctica clínica y con la realidad de los pacientes.
Hill’s Pet Nutrition y Gabrica: apoyo empresarial con sentido académico
En tiempos en los que la relación entre industria y medicina veterinaria suele analizarse desde la óptica comercial, este espacio mostró una cara distinta y bastante más útil: la del respaldo a la construcción de conocimiento clínico.
Durante la ceremonia, tanto Catherine Gutiérrez como Carlos Becerra participaron como representantes de dos compañías clave para el sector veterinario. En la intervención se subrayó que este tipo de actividades no solo buscan acompañar académicamente a los profesionales, sino también darles una plataforma para visibilizar experiencias reales, con valor práctico para otros colegas.
Carlos Becerra, en particular, transmitió una idea que atraviesa todo el sentido de la premiación: cada veterinario puede compartir sus experiencias de diferentes maneras, y al hacerlo ayuda a que otros clínicos encuentren rutas, referentes y aprendizajes aplicables en Colombia.
Ese matiz es clave. La conversación no se planteó como un simple “muestren un caso curioso”, sino como una invitación a construir conocimiento útil a partir de experiencias locales. Es decir: casos vividos aquí, resueltos aquí, con pacientes de aquí y bajo las condiciones reales del ejercicio profesional colombiano.
La gran tesis de la noche: el dueño de la información también está en la consulta
Uno de los conceptos más interesantes que dejó la premiación fue la reivindicación del médico veterinario como productor de información, y no solo como consumidor de contenidos académicos importados.
La idea fue expuesta con un contraste muy claro: buena parte del gremio se alimenta de información que llega de Europa o Estados Unidos, pero quienes generan datos clínicos todos los días en sus prácticas son, justamente, los colegas que atienden pacientes, toman decisiones, siguen casos y enfrentan desenlaces complejos en Colombia.
Porque lo que el concurso de VetCrea parece estar diciendo es algo así: el conocimiento veterinario no solo se estudia; también se produce desde la experiencia clínica diaria, siempre que haya voluntad de observar, registrar, analizar y compartir.
Y en un país donde el ejercicio veterinario se desarrolla en contextos muy variados —desde clínicas urbanas altamente especializadas hasta prácticas más austeras en distintas regiones— esa democratización del conocimiento puede tener un impacto enorme.
Premios económicos para mover algo más que el ego
Otro elemento importante de la ceremonia fue la asignación de premios en efectivo. De acuerdo con lo anunciado durante el evento, los ganadores recibieron incentivos económicos según su posición:
- Tercer lugar: 1,5 millones de pesos
- Segundo lugar: 3 millones de pesos
- Primer lugar: 5 millones de pesos
Parece un detalle logístico, pero en realidad manda un mensaje relevante: el esfuerzo de producir, estructurar y compartir conocimiento merece reconocimiento concreto.
Y eso importa. Porque documentar un caso clínico no sale gratis en términos de tiempo, disciplina y energía mental. Revisar historia clínica, ordenar pruebas diagnósticas, seleccionar imágenes, redactar antecedentes, justificar decisiones terapéuticas y convertir todo eso en un material presentable exige trabajo. Premiar ese esfuerzo ayuda a dignificarlo.
Casos que muestran cómo la nutrición atraviesa distintas áreas de la práctica
La entrevista posterior a la premiación permitió asomarse a varios de los trabajos presentados. Y aunque la transcripción no deja todos los detalles perfectamente limpios, sí permite identificar algo muy interesante: la nutrición apareció como una herramienta transversal, conectada con distintas especialidades y tipos de paciente.
No se trató de un concurso plano ni monotemático. Los casos mencionados tocaron desde cirugía y medicina interna hasta oncología, gastroenterología y dermatología, lo cual refuerza una idea que la medicina veterinaria moderna ya no puede darse el lujo de ignorar: la nutrición clínica no es periférica; está metida en el centro del manejo del paciente.
Un felino con taponamiento uretral y resolución satisfactoria tras uretrostomía

Uno de los testimonios más claros de la noche fue el del doctor Joset Prieto, médico veterinario, especialista en medicina interna y estudiante de especialización en imágenes diagnósticas, vinculado a la clínica El Gato Amarillo, en Chía.
Prieto explicó que su caso ganador en la categoría de caso clínico se centró en un felino macho de diez años que presentó taponamiento uretral. Según relató, el paciente fue manejado con uretrostomía y soporte nutricional mediante latas y concentrado, logrando una evolución satisfactoria: hasta el momento de la entrevista, el paciente no había vuelto a obstruirse.
El valor de este tipo de reportes está en varios niveles. Por un lado, pone sobre la mesa una patología frecuente y altamente desafiante en clínica felina. Por otro, recuerda que la resolución de estos casos no depende exclusivamente del acto quirúrgico, sino también del manejo integral posterior, donde la nutrición puede jugar un rol determinante en la estabilidad y el seguimiento del paciente.
Prieto además dejó un mensaje que conecta con la esencia del concurso: no se presentó porque tuviera “algo especial” que otros colegas no tuvieran, sino porque decidió escribir un caso que consideró interesante. Su reflexión es tal vez una de las más potentes de toda la noche: en cualquier rincón de Colombia llegan casos valiosos; lo que muchas veces falta no es el material, sino la decisión de documentarlo.
Oncología y nutrición: cuando recuperar el peso también es parte de la terapia

Otra intervención que dejó una idea muy poderosa fue la de la doctora Vanessa Cardona, médica veterinaria vinculada a Life oncología veterinaria en Bogotá.
Cardona contó que participó con el caso de Nala, una paciente joven, raza Yorkshire Terrier, diagnosticada con linfoma multicéntrico de alto grado. La profesional explicó que el pronóstico inicial era reservado a malo y que la paciente llegó en una condición física seriamente comprometida, con desnutrición marcada y bajo peso.
Según su relato, además del manejo oncológico correspondiente, la estrategia incluyó una recomendación nutricional específica, orientada al soporte del paciente con cáncer. La evolución fue significativa: la paciente logró subir casi al doble de su peso inicial y alcanzó una condición corporal mucho más favorable, en paralelo con el proceso terapéutico.
Ese testimonio es importante porque aterriza una realidad clínica que muchos médicos veterinarios conocen, pero no siempre dimensionan con suficiente fuerza: un paciente oncológico mal nutrido corre en desventaja. La quimioterapia, la recuperación, la tolerancia al tratamiento y la calidad de vida están profundamente atravesadas por el estado nutricional.
Cardona lo dijo con honestidad: el proceso le hizo recordar lo importante que es la nutrición en los pacientes y cuánto se subestima a veces en la práctica. Esa frase sola ya justifica media premiación.
Dermatología y reacción alimentaria: cuando el alimento se convierte en antígeno

También apareció en escena Ober Alexander Peña Vaca, médico veterinario de Villavicencio, dedicado a la práctica privada en dermatología y cuidados intensivos.
Su participación fue en la categoría de artículo, con un trabajo titulado “Cuando el alimento se convierte en antígeno”, centrado en un caso de reacción alimentaria en un perro. Según explicó, el paciente fue sometido a varias dietas de exclusión y posteriormente a pruebas que permitieron orientar el manejo con proteínas específicas.
Aunque la transcripción no deja completo todo el desarrollo del caso, sí resulta suficientemente claro el punto central: se trató de un caso de hipersensibilidad alimentaria o reacción adversa al alimento, donde el abordaje nutricional fue clave dentro del diagnóstico y del tratamiento.
Desde la óptica editorial, este tipo de caso tiene enorme valor porque conecta dos frentes que suelen generar dolores de cabeza en la práctica diaria: por un lado, la dificultad diagnóstica de muchos cuadros dermatológicos; por el otro, la necesidad de entender que no toda lesión cutánea persistente se resuelve con baños, corticoides o antimicrobianos. A veces la respuesta está en el plato.
Un paciente congénito y el valor del seguimiento clínico organizado

En la categoría de presentación interactiva apareció el testimonio de Miguel Nova, médico veterinario egresado de la Universidad Nacional, dedicado a la práctica privada. Nova explicó que presentó el caso de un paciente llamado TinTan, nacido con una condición congénita que desencadenó distintas patologías secundarias.
Según narró, construyó una presentación en PDF recopilando años de material clínico: resultados de laboratorio, imágenes diagnósticas, pruebas quirúrgicas, fisiopatología y evolución clínica. Más allá del detalle específico de la condición de base —que no se entiende completamente en la transcripción— el valor del caso está en otro punto: la disciplina de registrar y seguir de manera ordenada a un paciente crónico.
Eso es exactamente lo que separa muchas veces una buena historia clínica de un producto académico compartible.
El concurso no solo premió casos; premió el ejercicio de pensar y comunicar
En varios momentos de la ceremonia y de las entrevistas apareció una idea reiterativa: participar no es solo competir. También es hacer el ejercicio de ordenar la experiencia, extraer conclusiones y compartirlas con otros.
Ese es probablemente el mayor mérito de esta iniciativa. Porque obliga al profesional a detenerse en medio del vértigo clínico y preguntarse:
¿Qué aprendí de este paciente?
¿Qué decisiones cambiaron el curso del caso?
¿Qué rol tuvo la nutrición?
¿Qué le serviría saber a otro colega si mañana recibe un cuadro parecido?
Ese ejercicio, que parece académico, en realidad es profundamente práctico. Y fortalece la medicina veterinaria en varios niveles: mejora la capacidad de análisis, ordena el pensamiento clínico, estimula la revisión bibliográfica y fortalece el músculo de la comunicación profesional.
Una invitación clara al gremio: escribir también es cuidar pacientes
Tal vez el mensaje más valioso de toda la noche vino de los mismos participantes. Varios coincidieron en que compartir casos ayuda a que otros colegas puedan brindar una mejor atención. En otras palabras: documentar y divulgar también es una forma indirecta de cuidar pacientes.
La invitación de fondo quedó servida para el gremio veterinario colombiano: no guardar la experiencia en el consultorio como si fuera un archivo muerto. Sacarla, estructurarla y ponerla a circular.
Porque sí, un caso bien contado puede convertirse en guía.
Una presentación ordenada puede ahorrarle tiempo a otro colega.
Un artículo puede abrir conversación.
Y una experiencia local bien documentada puede ser más útil para otro veterinario colombiano que una referencia lejana difícil de aterrizar a la práctica.
Lo que deja esta premiación para la industria veterinaria
Desde la mirada de industria, el concurso de casos clínicos desarrollado en VetCrea deja varias lecciones.
La primera: la educación continua sigue siendo uno de los territorios más valiosos para la relación entre empresas y médicos veterinarios.
La segunda: la nutrición clínica gana peso cuando deja de hablarse en abstracto y se aterriza a casos reales, con pacientes, decisiones, tropiezos y resultados.
La tercera: el gremio responde cuando se le dan espacios bien pensados para participar, no solo como audiencia, sino como protagonista del conocimiento.
Y la cuarta: Colombia tiene material clínico suficiente para producir una conversación más robusta desde lo local, siempre que existan plataformas que lo incentiven.
Hill’s Pet Nutrition y Gabrica entendieron algo importante al respaldar esta premiación: en una industria cada vez más exigente, no basta con estar presentes en la conversación comercial. También hay que ayudar a elevar la conversación académica.
Más que una premiación, una señal de madurez gremial
Lo que pasó en Bogotá durante el Congreso de Nutrición Avanzada en Perros y Gatos no fue solo una entrega de premios. Fue una señal de madurez.
Madurez de un gremio que empieza a entender que su experiencia vale.
Madurez de una industria que puede aportar al fortalecimiento académico.
Y madurez de un ecosistema que, poco a poco, empieza a reconocerse no solo como receptor de tendencias globales, sino como productor de conocimiento clínico con voz propia.
En tiempos en los que la medicina veterinaria necesita más colaboración, más criterio clínico y menos información suelta flotando sin contexto, concursos como este pueden convertirse en una herramienta estratégica para fortalecer comunidad, elevar el nivel técnico y darle valor a algo que siempre ha estado ahí, pero que no siempre se visibiliza: la experiencia clínica de los veterinarios colombianos.
Y ahí está la verdadera noticia.
No solamente que hubo ganadores.
Sino que hubo colegas dispuestos a contar, a analizar, a escribir y a compartir.
Que hubo empresas dispuestas a respaldar ese proceso.
Y que hubo un congreso que entendió que el conocimiento no solo se aplaude desde la silla: también se sube a la tarima.





