Fotografía: Cortesía Felipe A. Moncada

Por: DR. FELIPE A. MONCADA REYES Médico veterinario Universidad de la Salle, Bogotá Colombia Diplomado en Neurobiología avanzada. Universidad de Pekín. China – Australia Especialización en neurología clínica, Universidad de Salta Argentina. Maestría en Neurociencias, Universidad Autónoma de Barcelona, España

Durante muchos años, estos compañeros se desempeñaron muy bien en las tareas para las cuales fueron creados (caza, guardia, pastoreo, etc.). Se ganaban nuestra protección y el alimento, al usarlos como instrumentos de trabajo por sus inigualables sentidos y su extraordinaria capacidad para entender lo que queríamos de ellos. Pero hace unas décadas todo empezó a cambiar y hoy en día son más los perros que lo único que tienen que hacer es portarse como mascotas mimadas, función para la cual, aunque hagan su mejor esfuerzo, no están preparados.

El cerebro del perro es el resultado de millones de años de evolución, pero es el mismo que tenía el primer perro hace unos 14 mil años, por eso está adecuado para luchar contra un oso si fuera necesario, pero no para quedarse solo por horas y horas en un apartamento pequeño. Un Jack Russell Terrier que escaba agujeros en el jardín, un Border Collie que persigue a un niño en una bicicleta o un Beagle que no para de ladrar, pueden ser una pesadilla para sus propietarios, pero lo que están revelando son comportamientos típicos de su raza.

Hallazgos científicos

Cada vez somos más los Médicos Veterinarios dedicados a la Neurociencia y hemos podido avanzar en la última década en el estudio del comportamiento canino más de lo que lo había hecho cualquier otra ciencia en toda la historia de la humanidad. Gracias a escáneres cerebrales complejos, estudios comportamentales que miden los diferentes neurotransmisores, hormonas y demás químicos involucrados en determinados aspectos, correlaciones neurobiológicas y neurofisiológicas, etc. Hoy en día podemos entender mucho mejor como los perros realmente son y nos da luces para ayudarlos en su camino de adaptación en la cambiante sociedad humana.

Infortunadamente muchos de los avances se quedan en los artículos científicos, sin que lleguen al público, quienes, en definitiva, son los más interesados.

Por eso a continuación me animo a divulgar algunos de los avances más representativos de la ciencia canina de los últimos años.

El perro, un ser más olfativo

Los perros no son lobos, pero tampoco son seres humanos y experimentan el mundo a través de su sentido del olfato principalmente, a diferencia de nosotros que somos casi totalmente visuales.

Formación de la sinaptogénesis

Desde el momento de la concepción hasta la mitad del embarazo se genera en el feto la neurogénesis, es decir se establecen el número de neuronas con las que van a nacer. Pero es a partir de la segunda mitad del embarazo hasta aproximadamente los 140 días después del nacimiento, que se genera la sinaptogénesis, es decir la cantidad de conexiones que se crean entre estas neuronas. Hace veinte años la ciencia creía que este periodo era determinante para formar el carácter del perro, pero la neurociencia hoy en día sabe que esta sinaptogénesis influye en gran medida, pero no es determinante, por lo que los propietarios no pueden culpar solamente a la “mala crianza” por los problemas comportamentales de sus mascotas.

Homología funcional en caninos

Mirando directamente el cerebro de diferentes perros, mediante técnicas especiales de resonancia magnética, se pudo concluir que estos caninos presentan homología funcional de muchas partes del cerebro, sobre todo aquellas que se relacionan con las emociones. Por lo que podemos concluir que, al igual que el ser humano, nuestros perros son emocionalmente muy activos y, al contrario de lo que se creía, sus decisiones son en un 95% tomadas por el sistema límbico o sistema emocional y no por el sistema instintivo.

Etología y adiestramiento

Los perros hacen las cosas principalmente por cómo se sienten, pero hay que tener en cuenta que esa emoción no depende de lo que les pase, sino del significado que ellos le dan a eso que les pasa, sea bueno o malo. Es decir, para un perro puede ser terrible ir al veterinario porque le ponen inyecciones, le toman la temperatura por el recto o lo bañan, mientras que para otro puede ser grandioso ir al veterinario porque mientras le ponen la inyección le dan galletas.

Por lo anterior, la etología canina y el adiestramiento de los perros, deben tomar un enfoque mucho más conductista y ampararse en la gestión emocional para conseguir resultados altamente notorios.

Hábitos y comportamiento

En los perros, la primera vez que les pasa algo, se crea una unión (sinapsis) entre dos neuronas que antes no existía, si se repite, se crean más y más uniones entre estas mismas neuronas, llegando a tener hasta cinco mil uniones diferentes y esto es lo que crea los hábitos, sean buenos o sean malos, en nuestras mascotas. Cuando estas uniones son tan numerosas es casi imposible erradicar este hábito, por lo que la recomendación es, no luchar por erradicarlo, sino reemplazarlo por otro que genere un comportamiento diferente y reforzarlo hasta que sus uniones sean mayores que el anterior.

Autoconciencia limitada

Los humanos tenemos una capacidad de autoconciencia incomparable entre los mamíferos, es decir, somos capaces de cuestionarnos por qué hicimos algo determinado hace varios meses, incluso años. Los perros no, su capacidad de autoconciencia es muy limitada (de aproximadamente 10 segundos), por lo que castigar a un perro dos horas después de que hizo algo “inapropiado” no servirá de nada, su cerebro no entenderá el castigo y el comportamiento “inapropiado” se seguirá presentando.

La comunicación

La comunicación verbal que tenemos con nuestros perros es trascendental para hacernos entender, pero no por lo que signifiquen las palabras, sino por la entonación que usamos al decirlas y el lenguaje corporal que asumimos.

Selección de razas

En la actualidad, la selección de razas a favor de rasgos morfológicos determinados (más chatos, más gordos, más bajitos) puede terminar en cambios indeseables en algunos rasgos fisiológicos o comportamentales que afectan el bienestar del animal y su progenie.

Un perro es tan inteligente como un perro debe ser.

En lo personal, creo en las múltiples inteligencias de los caninos. Inteligencia instintiva, inteligencia adaptativa, inteligencia funcional, inteligencia emocional, etc. Por lo que comparar nuestro coeficiente intelectual con el de un perro no tiene sentido. Si ellos fueran los jueces, seguro que nos tildarían de retrasados mentales, por ejemplo, en cuanto a una inteligencia olfativa se refiere.

Entendiéndolos podemos ayudarlos a convivir en nuestro mundo, sin generar esta ansiedad que actualmente está creando tantos problemas, desde un deterioro físico, hasta alteraciones emocionales y que desafortunadamente incrementa los casos de abandono o eutanasia de nuestros queridos amigos de cuatro patas.

2 COMENTARIOS

  1. Las personas, antes de adoptar o comprar un perro, deberían informarse antes de que es can y de todas las responsabilidades que conlleva. Algunos dueños primerizos creen que un perro que presenta problemas se solucionan cómo con los electrodomésticos, que llaman al experto y se arregla, obvio no es así. Otros esperan a que se eduque solo, lo que no pasa. Falta mucha conciencia.

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